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OCTUBRE 17 DEL 2014

Renovación  291

Cuando decimos “No puedo” ante una tarea realizable, que sabemos nos conviene hacerla, y para la cual tenemos las habilidades, conocimientos y demás recursos para realizarla,  se trata de un autoengaño.

La realidad es que “No queremos hacer lo que decimos que no podemos hacer”

Es factible que una parte de nuestro cerebro admita que es conveniente realizar esa actividad, y hay otra parte que se niega a llevarla a cabo, y es necesario descubrir el para qué este auto sabotaje.

Por ejemplo, si decimos que vamos a buscar trabajo y pasan los días y semanas y no nos hemos contratado en ninguna empresa, lo más probable es que queremos buscar trabajo, no encontrarlo.

Tal vez haya muchas razones ocultas en el inconsciente tras ese para qué. Pensemos en algunas de ellas: ¿Para seguir dependiendo de los demás? ¿Para seguir en la posición de víctima? ¿Para castigar a algún ser querido? ¿Para no enfrentar un nuevo reto? ¿Para culpar a la situación o a los demás de lo que no tenemos?

Otro ejemplo: sabemos que seguir ciertas rutinas, ejercitarnos, tomar ciertos medicamentos con regularidad, leer en voz alta algunas premisas, puede beneficiarnos y “se nos olvida”, o decimos que “no podemos hacerlo”, la realidad es que hay una parte de nuestra mente que no quiere salir del estado enfermizo en que nos encontramos, y lo que conviene es encontrar el para qué lo hacemos. ¿Para no crecer? ¿Para no responsabilizarnos de nosotros mismos?

Vamos a asumir la responsabilidad de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.

Vamos a cambiar el “No puedo” por un “No quiero”. Así podremos saber para qué no queremos solucionar la situación adversa en la que nos encontramos, y resolver ese conflicto interno.

Cuando lo hayamos hecho, vamos a decir: “Quiero y puedo hacer esto o lo otro”.

Agosto 28 del 2014

Renovación 241

¿Por qué nos enfermamos?

Puede haber muchas explicaciones, y la más sencilla para mí, es que nuestro sistema inmunológico baja y nos convertimos en víctimas de bacterias, microbios, virus, que atacan nuestro organismo, en especial a un órgano o sistema que es vulnerable por factores genéticos.

La causa más común para que nuestras defensas bajen es un desgaste energético excesivo debido al estrés que nos imponemos, al que nos sometemos, o el que aparece tras un desastre natural o una desgracia intempestiva e imprevisible.

Hay situaciones que no podemos prever ni evitar, ante las cuales es necesario hacer acopio de toda nuestra energía para salir adelante, y tener la humildad, muchas veces, de pedir ayuda, por ejemplo, para manejar el estrés postraumático.

Lo que sí está en nuestras manos es el estrés que propiciamos en nuestra vida. Si nos dejamos presionar por una necesidad interna de pertenecer a cierto estatus, para lo cual se requiere una casa en determinada parte de la ciudad, un coche del año, vacaciones a los lugares de moda, vestir y alhajarse con lo más reconocido, asistir a restaurantes y lugares que confirmen nuestra posición social, vamos a vivir en una espiral consumista sin fin, y terminaremos pagando un precio en nuestra salud por ello. ¿Vale la pena ser el más rico del panteón?

Si nos sometemos a un desgaste energético brutal, porque sabemos que estamos viviendo una relación destructiva, una cotidianeidad en la que somos agredidos, verbal o psicológicamente, de forma sutil y continua, y no nos salimos de ahí, vamos a pagar un precio por ello en nuestra salud. ¿Vale la pena cargar con un apellido o un estatus social para mostrar que somos alguien, aunque el precio sea el dolor y la muerte?

El autoengaño requiere una enorme cantidad de energía, y ese desgaste causa que nuestras defensas biológicas bajen, y que nos volvamos vulnerables ante enfermedades, cada día más sofisticadas e innombrables.

Vamos a revisar cómo estamos manejando el estés.

Vamos a evaluar si lo estamos generando, o aceptando, en forma pasiva.

Vamos a aceptar ayuda si hemos vivido situaciones o eventos muy dolorosos o traumáticas.

Podemos vivir sanos si somos congruentes y asertivos, en primer lugar para decidir cómo queremos vivir.

Agosto 5 del 2014

Renovación 218

En ocasiones sabemos, estamos seguros en nuestro interior, que lo que estamos haciendo es negativo, tóxico, o perjudicial para terceros, y sin embargo, nos comportamos en un forma que traerá consecuencias adversas a nuestra vida.

El autoengaño no sirve más que para postergar un resultado negativo, el cual nosotros intuimos y nos negamos a ver.

Por ejemplo, si “presentimos”, “nos late”, que la relación de pareja que tenemos es de codependencia, no está basada en la integración de dos personas con dos Proyectos individuales de vida, que se ponen de acuerdo para construir un PROYECTO DE PAREJA, y seguimos adelante porque “ya se nos está pasando el tren” (tenemos muchos años solteros), queremos tener algo nuestro (mi casa, mi esposo, mis hijos), nos queremos salir de la casa familiar, etc., las cosas terminarán en divorcio, separación, agencia del Ministerio público, psicólogo o psiquiatra.

Si estamos iniciando una relación de pareja, hagámoslo bajo la premisa de construirla día a día, con amor y entrega total. Cero engaño al otro, cero autoengaño.

Una pareja puede ser la base de una familia. ¿Qué familia vamos a formar si los dos cojeamos al caminar, si nuestros valores, Misión, Metas son opuestas?

Si escondemos nuestra relación, es porque sabemos que algo no está en armonía en ella, y no queremos que los demás se den cuenta de ello.

Vamos a revisar nuestra relación de pareja y a escuchar a nuestro Pequeño Profesor, Intuición, Inconsciente, Sabio interior, o como quieran llamarle.

Julio 23 del 2014

Renovación 2015

Cuando caemos en la tentación de hacer trampa a los demás, estamos cometiendo un fraude contra nosotros mismos.

¿Qué es lo más relevante…
• la aprobación o el reconocimiento de los que nos rodean?

• un número en un papel que pruebe que “se mucho” de alguna materia?

• avanzar a como dé lugar para ganar la delantera?

• sentir que soy mejor que los demás?

• confirmar el dicho mexicano de “el que no transa, no avanza”?

• evitar conocer nuestras lagunas cognitivas, emocionales, psicológicas, espirituales?

Vale la pena evaluar cómo nos desempeñamos ante las crisis y los retos. Saber ser asertivos, honestos, íntegros, es una característica de la Inteligencia Emocional.

Modelamos a los que nos rodean: nuestros familiares, alumnos, pacientes, pupilos, vecinos, colaboradores, una conducta.

Modelar la excelencia significa ser auténticos y respetarnos para poder respetar a todo lo que nos rodea.

En los momentos de crisis, cuando requerimos contar con una mente clara y abierta, equilibrio emocional, además de una espiritualidad elevada, es cuando sale a relucir lo que hemos trabajado en nuestra formación.

En esos momentos, en que la diferencia de un minuto en nuestras acciones y nuestra actitud van a ser determinantes, no hay manera de hacer trampa, somos lo que somos.

Julio 9 del 2014

Renovación 191

Practicar la honestidad emocional es indispensable para avanzar en nuestro proceso de renovación.

Muchas veces practicamos el autoengaño y disfrazamos nuestras emociones displacenteras o los sentimientos negativos que corroen nuestra existencia, porque tenemos miedo de vernos en el espejo tal y como somos.

Al buscar la aceptación de los demás, tal vez hemos construido una imagen del YO ideal, de quienes queremos ser, la que está lejos de la realidad de quienes somos.

Una cosa es tener una meta definida sobre la persona que queremos ser, y trabajar cada minuto para lograrlo. En ese “queremos ser”, ya hemos tomado en cuenta el por qué y para qué queremos ser esa persona, y no hay ninguna razón patológica en ello que nos motive a cubrir necesidades que pueden resolverse en una forma sana.

Hemos tomado en consideración y valorado nuestro punto de partida, nuestro bagaje emocional, cultural, genético, social, nuestras habilidades y potencial, desarrollado o no, nuestro entorno, el camino a seguir, rutas primarias y alternas, en fin, el ser mejores forma parte de nuestro Proyecto de vida.