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Agosto 16 del 2014

Renovación 229

Podemos nadar con la corriente a favor y nos sentirnos bien al avanzar con facilidad, sin esfuerzo, con buen ritmo.

Podemos intentar nadar contra corriente lo que agotará nuestras fuerzas, nos hará sentirnos desanimados al ver que apenas avanzamos un pequeño tramo y ya nos sentimos exhaustos.

La vida es así, como un río tranquilo, con remansos para descansar, y también puede presentar de pronto una caída vertical importante, remolinos, o fuertes corrientes al recibir el caudal de otro río.

Estar atentos, protegernos y prepararnos para poder salir adelante, es necesario para sobrevivir. Podemos prever si hay una cascada más adelante, si vamos a entroncar con otro río, si investigamos dónde hay remolinos, etcétera.

Lo que no es conveniente es ponernos a nadar contra corriente, por ejemplo: trabajar hasta 18 horas diarias por un salario mediocre, en condiciones adversas, en un clima organizacional corrupto y tóxico, en una institución o empresa donde no recibimos reconocimiento, ni existen probabilidades de crecimiento y desarrollo en ningún sentido. Hacer eso es castigarnos y vamos a pagarlo con nuestra salud el día de mañana.

No es conveniente respirar todos los días resentimiento, frustración, desaliento.

No es conveniente evadir lo que nos lleva a nadar en esas aguas, lo que nos conduce al auto-engaño, a ignorar al grillete que no nos permite avanzar y salir de una situación destructiva.

Vamos a practicar la honestidad emocional, y vamos a hacer una introspección para conocer como está nuestro cociente emocional, con la finalidad de poner en práctica lo que sea necesario para vivir a plenitud.

Sólo tenemos un boleto de ida.

Marzo 13 del 2014

Renovación 73

El autocastigo es una actividad que muchas personas aplicamos en nuestras vidas para justificar una mentalidad derrotista.

No importa cuán afortunados seamos al estar sanos, tener un cuerpo completo, disfrutar de los cinco sentidos, tener un cerebro que funciona y piensa (aunque lo utilicemos para “darnos en la torre”), que contemos con un trabajo, un techo, una familia, una profesión, amistades y conocidos.

No valoramos la libertad en que vivimos, las oportunidades de mejorar que llegan todos los días a nuestra puerta, el ser atractivos, tanto en lo físico como en lo social, el contar con el apoyo de alguna creencia religiosa, poder vivir y practicar la espiritualidad siempre que lo deseemos.

Si enumeramos todo lo que sí tenemos, constataremos que es mucho y, sin embargo, hay un hueco, algo que nos falta, algo que no hemos conseguido, como por ejemplo: tener una relación de pareja, un puesto ejecutivo, hijos. Es natural que anhelemos lo anterior, o alguna otra cosa positiva por el estilo.

Por alguna razón no lo hemos conseguido hasta ahora, eso no quiere decir que no podamos lograrlo en el futuro. Si yo equilibro mis roles de vida y me abro al amor, la pareja llegará en el momento preciso para que podamos construir, día a día, una relación sólida. Si nos aferramos a la primera persona que tengamos a mano para tener a alguien que sea un placebo de pareja y “no estar solos”, no vamos a estar listos para encontrar una pareja-pareja.

Si me castigo con pensamientos como: “No sirvo para el trabajo”, “Soy inútil”, “No sirvo para puestos importantes en mi empresa”, “Nunca voy a encontrar quien me quiera de verdad”, “Soy feo o fea”, etc., voy a minar mis fuerzas, a enturbiar mi visión y a hacer todo lo posible porque se cumpla mi fantasía catastrófica en ese sentido.

Si algo así nos sucede, podemos aceptar que no tenemos pareja en estos momentos y revisar si hay algo que podamos hacer al respecto, si es el momento indicado para establecer una relación de pareja. Podemos identificar nuestras fortalezas en el trabajo y si hay algunos aspectos que nos conviene reforzar, como dominar uno o dos idiomas más, ver las opciones para crecer en esta empresa.

También podemos analizar en forma objetiva todas nuestras carencias y lo que no hemos logrado todavía, para planear nuestras acciones, y dedicarnos a fortalecer todas nuestras áreas positivas, nuestras áreas luz, en lugar de optar por una actitud negativa y pesimista y abrumarnos con sentimientos y pensamientos que nos hagan sentirnos mal y deterioren nuestra autoestima.

Puedo ver con objetividad lo que conviene mejorar en mi vida y avocarme a ello con entusiasmo”.