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CONGRUENCIA

RICARDA fue una Mujer que, con su ejemplo, nos enseñó que se puede ser feliz si uno es congruente, si ama lo que hace y, por lo tanto, lo hace bien, si conoce sus límites y los acepta sin amargura, si vive en armonía consigo mismo y con el universo. También nos enseño que la voluntad de vivir sobrepasa todas las expectativas.

Ella era una linda jovencita que tenía 16 años cuando surgió la Revolución Mexicana. Sus padres trabajaban en una hacienda en el norte de la República, donde tenían una pequeña vivienda para ellos y, ella entró a trabajar en la casa como sirvienta.

Ella me contó que sintió mucho miedo cuando pasaban por ahí las tropas villistas, ya que solían llevarse a las mujeres de 14 años para arriba, con el fin de “alegrarle” la vida al Comandante, y pasar a formar parte del grupo llamado las “Adelitas” que, además de “entretener” a la tropa, lavaban su ropa, les daban de comer, etc.

El hacendado tenía un cuarto oculto bajo  el piso del pajar. La entrada estaba cubierta de pacas de heno y no se veía. Ahí escondían a todas las mujeres jóvenes, el dinero y las cosas valiosas mientras duraba la invasión de las tropas a la casa. Para contar con oxígeno, utilizaban unas varas de bambú.

Cuando los patrones se vinieron a vivir a la capital Ricarda se vino con ellos como parte del servicio doméstico. Era lo esperado y ella no se sentía mal por ello.. Muchos años después, cuando iban a regresar a la Hacienda, la recomendaron con un amigo suyo que tenía un puesto magnífico en el Gobierno.  Ahí trabajó durante 30 años, como cocinera al principio, como ama de llaves después. Pasado ese tiempo, al cambiarse a una mansión enorme en el Pedregal, el licenciado la liquidó porque querían otro perfil para el servicio. Tuvo algunos trabajos temporales con los hermanos solteros del licenciado y con eso iba saliendo adelante.

El dinero se acababa, por lo que Ricarda decidió trabajar por día. Entró conmigo a trabajar de lavandera y duró unos años, hasta que me percaté que ya era una anciana. Le propuse entonces que yo le daría una mensualidad, cubriría sus gstos médicos, le mandaría una despensa cada 15 días con el chofer, a cambio de que ella, de vez en cuando,  viniera a mi casa a vigilar a mis hijos y a los sirvientes. Así lo hizo durante unos años, hasta que yo no seguí saliendo de viaje, y si cubriendo sus gastos.

Ricarda vivía por el oriente de la capital, cerca de la Avenida Ocho, en una vecindad donde rentaba dos cuartitos. Una de las vecinas me avisó que se había caído y estaba muy mal. Fui de inmediato a verla y llevé un médico para que me dijera qué se podía hacer. El diagnóstico fue que no se podría hacer nada y que le quedaba de vida de uno a tres meses.  No le dijimos nada a ella. Le propuse que se internara en un asilo, donde la tratarían como reina, si yo le pedía el favor a una amiga que había empezado a trabajar en un alto puesto del Gobierno recién estrenado,. Ricarda me contesto: Ay, señora María, usted me propone solución por 6 años, y después ¿qué? Me quedé muda. ¡Ella tenía 96 años!

Como iban a ser tres meses a lo sumo, la lleve a un asilo particular de Cuernavaca, Mor., donde vivió hasta los 102 años.

Ricarda no se casó y no tuvo hijos. Cuando tenía 60 años muró el último de sus familiares y quedó sola en el mundo. Nunca escuché una queja de ella, todos la querían y respetaban. Hacía su trabajo con amor y esmero. Estaba conforme con lo que hacía, con lo que tenía, con lo que tocó vivir.

Cuando fui a enterrarla, lloraron su partida las monjitas y sus compañeras. Decían que siempre les daba ánimos y les contagiaba su voluntad de vivir. Yo conservo  lo único valioso que tenía en su cuartito de la vecindad: un ropero antiguo de madera que la acompañó siempre.

 

 

 

 

Diciembre 25 del 2014

Renovación 360

¡Ya estamos en Navidad!

Hoy las calles amanecen vacías, silenciosas, acaso con algo de bruma, y con un sol que se resiste a brillar, lleno de flojera por la desvelada.

Vamos a aprovechar estas circunstancias para hacer silencio, si, silencio, algo muy difícil de lograr si no estamos entrenados para ello.

¿Somos acaso como muchas personas que hablan y hablan para llenar el ambiente con sus voces, muchas veces mediante monólogos compartidos, tan sólo para no escuchar su voz interna?

¿Nos aturdimos con música a todo volumen, para no pensar, no sentir, no saber?

¿Nos vamos al pasado, ya sea para re-crear momentos felices o dolorosos, mientras el minuto presente se pasa sin vivir?

¿Somos activistas, siempre haciendo cosas, muchas a la vez en ocasiones, para no ser nosotros mismos, sino ejecutores de acciones determinadas?

En esta ocasión vamos a acallar el ruido de nuestra mente. Vamos a sentir nuestro cuerpo, el latir del corazón, el aire al entrar y salir a nuestros pulmones. Vamos a relajarnos y a meditar para ponernos en contacto con nuestra esencia, y eso es a través del silencio.

Nos amamos, nos aceptamos, nos reconocemos.

Estamos en armonía con el Universo y sus prodigios.

Somos uno con la energía sideral, con nuestro Poder Superior.

¡La Paz es y está en nosotros!

Árbol navidad Coy

Noviembre 4 del 2014

Renovación 308

Ya evaluamos nuestras opciones para tomar determinada decisión y tenemos miedo de que no sea el momento oportuno para llevarla a cabo.

Todo lo que ha pasado en nuestra vida sucedió para algo y en el momento oportuno, para que seamos hoy la persona que somos, probablemente más preparados y evolucionados que nuestros padres y antecesores.

Demos gracias porque hemos aprendido del dolor y de los tropiezos que tuvimos en el pasado. Hemos asimilado toda la sabiduría que las experiencias pueden brindarnos.

Hoy puede ser el momento perfecto para tomar decisiones si ya evaluamos las consecuencias, el costo y nuestra preparación para llevarlas a cabo. Cuando todo se conjunta hacia un mismo fin, en armonía, es que es el momento de avanzar, de vencer retos, de poner en práctica todo lo que hemos venido puliendo a lo largo de este año de renovación.

Hoy es el momento perfecto para dar lo mejor de nosotros mismos al mundo y a los demás.

Hoy es el momento perfecto para unirnos con nuestro Poder Superior, Dios, Jehová, Buda, Alá, Energía Cósmica, o como le llamemos, en una comunión hacia la trascendencia.

Octubre 31 del 2014

Renovación 304

Vamos a aprovechar las “Fiestas de Muertos” para reflexionar sobre esa caída final de telón en nuestras vidas.

La muerte nos asusta y evitamos hablar de ella, a pesar de que es la única certeza que tenemos en la vida, ya que, indefectiblemente, nos vamos a morir todos y cada uno de nosotros.

Jaime Sabines (1926-1999), escritor, poeta y político mexicano, escribió un poema al respecto que para mí lo dice todo:

Alguien me habló todos los días de mi vida
al oído, despacio, lentamente.
Me dijo: ¡vive, vive, vive!
Era la muerte.

Así que esa es la cita a la que no vamos a faltar, el encuentro que se va a dar, queramos o no, hagamos lo que hagamos para evitarlo. ¿Qué tal que optamos por aceptar la cita y nos preparamos para ella, en lugar de rehuirla mentalmente, lo que será infructuoso y agotador?

¿Cómo quiero morir? ¿Cuándo? ¿En dónde? ¿De qué? ¿Quiénes van a estar presentes? Todas estas preguntas podemos responderlas y programar nuestros pasos para que se cumplan.

Si decimos que queremos vivir 100 años, y fumamos 20 cigarrillos diarios, vivimos en una ciudad contaminada, comemos mayormente comida chatarra, no hacemos ejercicio, y “cargamos todas las piedritas de todo mundo”, no conocemos nuestra Misión, vivimos en codependencia, seguro que no llegamos a ser longevos.

Vivamos en armonía con la naturaleza y en el amor hasta el último suspiro.

Vamos a aceptar nuestra muerte como una realidad, como algo que va a llegar indefectiblemente.

Aprovechemos cada minuto de nuestra vida en vivir, no en temerle a la muerte.

Octubre 22 del 2014

Renovación 296

Podemos procesar los sentimientos negativos que hayamos acumulado en nuestro bagaje emocional: rencor, resentimiento, odio, envidia, celos, venganza, etcétera, y evitar el “cáncer del alma”.

Podemos vivir en una forma sana en nuestra mente (emociones, sentimientos, pensamiento y nuestro espíritu, mientras le damos el cuidado y mantenimiento que requiere el único vehículo que tenemos, nuestro cuerpo, y tendremos como resultado que las enfermedades no se apoderarán de nuestro organismo ni seremos víctimas de accidentes.

Cuando sentimos, pensamos y actuamos en armonía, con amor, aceptación, solidaridad, plenos de energía positiva, nuestro sistema inmunológico se mantiene con índices elevados y no nos enfermamos. También somos más precavidos para evitar accidentes que cuando andamos estresados, angustiados o distraídos.

Vamos pues a sintonizar con la energía positiva del universo y de todos a nuestro alrededor, y podremos avanzar con paso firme hacia nuestras metas.