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GRACIAS A LA VIDA

GRACIAS A LA VIDA.

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio dos luceros que cuando los abro
Perfecto distingo lo negro del blanco
Y en el alto cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el sonido y el abedecedario
Con él las palabras que pienso y declaro
Madre amigo hermano y luz alumbrando,
La ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados
Con ellos anduve ciudades y charcos,
Playas y desiertos montañas y llanos
Y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro el fruto del cerebro humano,
Cuando miro al bueno tan lejos del malo,
Cuando miro al fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto,
Así yo distingo dicha de quebranto
Los dos materiales que forman mi canto
Y el canto de ustedes que es el mismo canto
Y el canto de todos que es mi propio canto.

Gracias a la vida
Escrita por VIOLETA PARRA SANDOVAL

Ayer escuché esta canción, interpretada por una magnífica cantante, en una celebración del aniversario de 92 años de un señor que llega a esa edad lúcido, alegre, rodeado de amigos, compañeros, colegas, familiares, quienes le profesan admiración, respeto, cariño, y que hicieron votos para que siga en ese sendero armonioso de bonhomía, amor, generosidad, actitud triunfadora, alegría, compañerismo y solidaridad, ternura y calidez, para que coseche lo mucho que ha sembrado a través de los años.  Ahí encontré a muchas personas mayores, abuelos  de espíritu joven que transitan la misma ruta de positivismo que el festejado.

Rememorando la canción, hoy doy gracias a la vida por ser yo, por estar viva, por tener un cerebro que piensa y me motiva a ser mejor cada día, por tener una familia integrada, sana, luchadora, triunfadora; por tener unos nietos encantadores que me enseñan, cada uno de acuerdo a su edad, que va desde los 3 años hasta los veintes, a mantener viva la capacidad de asombro y aprendizaje. Sus risas son cascabeles de alegría y esperanza que retumban cuando algo me aflige.

Agradezco también el tener amigos sinceros con quienes comparto alegrías y tristezas, y a mis alumnos por mantenerme en la vía de la superación y el aprendizaje.

Mi meta actual es compartir lo más que pueda, en todos sentidos, antes de partir de este mundo, y hacerlo con alegría y amor.

 

 

COMETER ERRORES

 

Todos cometemos errores, en ocasiones con mucha frecuencia, o puede ser que sea raro que incurramos en ellos.

¿A qué se debe esto?  A una ecuación muy simple:

Error + aprendizaje = menor probabilidad de repetir el mismo error en el futuro.

Así de sencillo. Si cuando nos equivocamos, reconocemos el error, sin perder el tiempo en  buscar los orígenes del mismo, sino cuál es la respuesta que corresponde al estímulo, y procedemos a ejecutarla, habremos avanzado mucho en el camino. Después, si repetimos con frecuencia la misma acción errónea, podremos buscar y encontrar qué es lo que nos lleva a un camino equivocado.

Veamos un ejemplo: Yo me enojo porque mi marido llegó tarde sin avisar y le grito y reprocho su acción de mala manera, le digo que nunca me tiene consideración, etc.  ¿Corresponde la intensidad de la respuesta al estímulo recibido?

Puedo, en lugar de enojarme con anticipación a su llegada, evaluar si hemos acordado la premisa de avisar si vamos a retrasarnos como una muestra de respeto al tiempo del otro, y para evitar que la inseguridad en que vivimos se adueñe de quienes nos esperan, y planeo cómo podemos hacerlo en el futuro. Es factible que, en lugar de gritar, agredir, insultar, reprochar cosas del pasado, le pregunte qué paso, lo ESCUCHE (no lo oiga) y, de acuerdo a su respuesta, entable un diálogo asertivo cuyo objetivo sea evitar que se repita la falta otra vez, para así poder comunicarnos y no caer en un monólogo compartido en que a ninguno de los dos le interesr lo que piensa, siente, dice el otro, sino manifestar una frustración que puede no proceder del hecho de que la pareja llegue tarde.

Esto podemos extrapolarlo a todos los enojos que vivimos en el día a día. Evaluemos si nuestra respuesta ante un error, una falta de consideración, o una agresión, es proporcional al estímulo recibido.

¿Cuándo me enojo, JUZGO, insulto, descalifico, agredo, magnifico el error o la falta cometida para justificar una acción vengadora, aniquiladora, violenta, depredadora, en contra de la persona que se equivocó o me agredió?

En el caso de una agresión, ya sea física, verbal o psicológica, es necesario poner un límite contundente y firme para no permitirla bajo ningún concepto.

Si se trata de errores cuyas consecuencias no son graves, analicemos si nuestra respuesta es ecuánime, asertiva, inteligente, proporcional al estímulo negativo recibido aquí y ahora.

Hay quienes tienen una personalidad histriónica, y  elaboran un drama desproporcionado,  enarbolan la bandera de la justicia y, de inmediato van a incitar a los demás a que se unan con ellos para que reafirmen su JUICIO hecho a priori, a “bote pronto”, en lugar de analizar los hechos, buscar y encontrar soluciones, rescatar lo positivo de la vivencia para sumar experiencia y conocimientos para la persona que cometió el error y para ella.

Revisemos cómo respondemos a la frustración, cómo actuamos cuando no entendemos qué esperan de nosotros. ¿Lo hacemos con Inteligencia Emocional o aprovechamos la ocasión para sacar el enojo acumulado en el pasado? ¿Por qué y para qué “guardamos” la ira en lugar de manejarla?

ZONA DE CONFORT LIMITADA Y LIMITANTE

 

En muchas ocasiones nos encerramos en una zona de confort y, cuando nos invitan a salirnos de ella, respondemos en forma agresiva como mecanismo de defensa.

Pongamos por caso la reacción de un empleado, con una gran inseguridad en su capacidad para crecer y superarse en todos los aspectos, cuando que llega a una empresa nueva:

  • Establece las relaciones indispensables, superficiales, para ser aceptado como una persona educada.
  • Aprende la labor cotidiana que tiene que desempeñar y la cumple al pie de la letra, para ser reconocido como alguien “cumplido”.
  • Evita dar de sí mismo nada que no le hayan pedido. No incorpora la creatividad, innovación consensuada, búsqueda de nuevas opciones para incrementar la productividad = lograr más con menos, en el menor tiempo y con los menores insumos.
  • Crea a su alrededor una coraza emocional para que nadie entre en contacto con lo que siente.
  • Critica subrepticiamente a todo y a todos para reafirmar su propia valía.
  • Agrede a los demás creando chismes y rumores.

Si llega un nuevo Director que les informa que van a llevar a cabo sesiones de lluvia de ideas, que está abierto a todas las opiniones solventes y factibles que quiera aportar cualquier miembro del equipo, que la creatividad es un valor importante y el trabajo en equipo y la comunicación son indispensables para seguir avanzando, así como el compromiso de ser honesto, el empleado mencionado antes, se va a sentir amenazado y, es muy probable, que su respuesta sea la agresividad, la descalificación, el sabotaje.

Esto mismo lo podemos extrapolar al aula de aprendizaje: mientras el Profesor dicte cátedra, les dé mucho material que No van a asimilar ni a retener, sea indiferente ante la posibilidad de que sus alumnos tengan una formación integral, sea tolerante con los comentarios fuera de contexto, y los alumnos puedan mantener su postura de receptores, sin ningún compromiso hacía un aprendizaje interactivo, todo va bien.

Si llega un profesor que les diga que el conocimiento lo van a integrar entre todos, que todos van a investigar, participar, analizar, y en conjunto sacar conclusiones sobre lo que están aprendiendo, los inseguros, los que no se quieren mover de su estrecha zona de confort, se van a sentir amenazados y van a responder en forma agresiva.

¿Qué hacer ante esto?

Si somos el Director que coordina más que dirigir, o el Profesor que impulsa a sus alumnos a crecer y aprender en forma integral, seguir con lo que la ética empresarial y magisterial indica: buscar el óptimo desempeño de todos.

Si somos un empleado mediocre y limitado, o un alumno temeroso e ignorante de su potencial no desarrollado, abrirnos al cambio, crecer, incorporar nuevas ideas, analizar, evaluar, comparar, procesar, decidir qué nos conviene modificar, incorporar o desechar de nuestro bagaje cultural, emocional, mental, y elevar nuestra calidad de vida como seres humanos en busca de lo óptimo para nosotros y para todos los que nos rodean.

Toma unos minutos para evaluar si tú no estás en una zona de confort limitada y limitante.  Abre tu mente, tu corazón, tu espíritu al cambio y la superación.

 

 

 

 

 

 

Noviembre 27 del 2014

Renovación 332

Es lógico que deseemos correr a toda prisa hacia nuestras metas, cuando nos percatamos que hemos estado mucho tiempo dormidos, en el autoengaño, en la co-dependencia.

Es un impulso entendible que digamos que vamos a recuperar el tiempo perdido, y que vamos a lograr lo que no hemos hecho en 30, 40, 50 años en muy poco tiempo.

En el caso de que nos despertemos por la mañana un poco tarde y pretendamos ir a hacer jogging sin vestirnos de acuerdo al clima del día, sin haber ido al baño a eliminar los sobrantes de nuestro organismo, sin aclarar nuestra mente y ubicarnos en el aquí y ahora, sin llevar a cabo algunos ejercicios de calentamiento muscular, lo más probable es que consigamos, cuando menos, una contractura muscular, un enfriamiento, un malestar general. Además de que no vamos a “recuperar el tiempo” que pasamos dormidos.

Dicen por ahí que “más vale paso que dure y no trote que canse”, lo que nos lleva a reconocer que si nos ponemos a correr a toda velocidad, sin sentido, sin planear lo que vamos a hacer, es probable que nos cansemos y abandonemos la carrera a mitad del camino.

¿Recuperar el tiempo perdido? Será perdido si así lo deseamos. Todo lo que pasó, pasó PARA ALGO, y hay una lección ahí para ser aprendida y seguir avanzando.

No seríamos lo que somos hoy sin ese pasado.

Tal vez fue el tiempo que necesitábamos como orugas para terminar nuestra metamorfosis. ¿Corto o largo? ¿Para quién? ¿Según quién?

Aprendamos del pasado, demos las gracias a todas las personas que participaron en él de una u otra forma, aun cuando hayamos sufrido por su presencia, y dejémoslo ir.

No fue tiempo perdido. Fue el tiempo justo que nosotros necesitábamos para despertar y asimilar lo vivido.

Noviembre 11 del 2014

Renovación 315

Hace muchos años, alguien me contó una anécdota cuando yo expresé que estaba muy enojada con Dios por muchas cosas negativas y dolorosas que habían llegado a mi vida. La comparto con ustedes:

“En una de las tantas inundaciones que hay en cualquier país del mundo, en que las presas se desbordan, llueve en forma inusitada, y crecen los ríos rebasando su cauce y llevándose a su paso poblados enteros, en uno de ellos las personas ya se habían subido a los techos porque las el agua casi cubría su vivienda.

Se presentaron varios socorristas a evacuarlos y llevarlos a un lugar seguro. En una de esas casas estaba un señor de edad madura que rezaba con gran fervor cuando vino una canoa a ofrecerle sacarlo de ahí, a lo que él respondió que Dios lo iba a ayudar y no le iba a pasar nada.

Poco después vino una balsa a brindarle ayuda y los rechazó con el mismo argumento. El rezaba y le recordaba a Dios que siempre se había portado bien y asistido a misa sin falta, por lo que estaba seguro que lo iba a salvar.

Llegó una lancha de motor del ejército a rescatarlo y él se negó a subirse.

Poco después se lo llevó la corriente y murió.

Cuando llegó con Dios le reclamó por qué no lo había salvado si él siempre había sido bueno, a lo que Dios respondió que le había enviado tres lanchas para salvarlo y él las había rechazado”.

Conviene que reflexionemos cuántas veces las oportunidades para aprender, para modificar conductas disfuncionales, para ser mejores seres humanos, para perdonar y perdonarnos por nuestros errores, para liberarnos de emociones displacenteras y sentimientos negativos, han pasado por nuestra puerta, y nosotros hemos hecho oídos sordos, nos hemos tapado los ojos o hemos dirigido la vista hacia otro lado para no verlas.
En lugar de reclamar lo que no tenemos, aprovechemos lo mucho con lo que sí contamos.

Vamos a crecer emocional, cultural, cognitiva, espiritualmente todos los días de nuestra vida.

Agosto 12 del 2014

Renovación 225

En ocasiones pareciera que “llueve sobre mojado”, es decir que se acumulan las cosas difíciles, los retos, las malas noticias en nuestra vida.

“Es una mala racha”, dicen algunos. “Te pasan tres cosas malas y después vienen las buenas”, “Estás en la época de las vacas flacas, ya vendrá la de las gordas”, dicen otros.

En realidad no podemos comprender muchas veces por qué pasan ciertas cosas si nosotros no las hemos propiciado o generado.

Puede ser que sean el desenlace lógico de una serie de eventos o situaciones del pasado que nosotros habíamos olvidado, y por ello nos sentimos desconcertados, y puede ser que no les encontremos ilación, ni lo que las desató.

Lo que está pasando está aquí.

Es nuestra realidad aquí y ahora.

Vamos a resolver, a solucionar, a confrontar, a pasar hoja.

Después, o en forma simultánea, vamos a aprender de la experiencia. ¿Para qué nos puede ser útil el aprendizaje implícito en la vivencia? ¿Cuál es el mensaje que podemos extraer de ella?

En seguida, a seguir con paso firme, con el ánimo en alto, fortalecidos por haber superado un reto más en nuestras vidas.

Julio 21 del 2014

Renovación 203

Es indispensable aceptar que todo pasa para algo, que nada es fortuito ni casual, para poder aprender las lecciones que están implícitas en todo lo que vivimos, sea ello grato y placentero o desafortunado.

Cuando aprendemos de lo que vivimos, podemos seguir avanzando y creciendo. Si, por el contrario, nos pasamos la vida quejándonos, culpando a los demás, a la mala suerte, a Dios, del dolor o dificultados con que nos tropezamos, nos estancamos o retrocedemos en lugar de avanzar.

Puede que sea difícil, complejo y doloroso el proceso por el que estamos pasando, y ya que no podemos evitarlo, vamos a utilizarlo para superarnos, para aprender, para extraer algún conocimiento que nos lleve a un plano más elevado de conciencia.

Mientras más pronto aprendamos las lecciones implícitas en lo desfavorable que estamos viviendo, más pronto encontraremos el camino hacia la paz.