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Noviembre 20 del 2014

Renovación 325

¿Para qué estamos utilizando nuestra energía?

¿Para vivir en el pasado?

¿Insistimos, una y otra vez, en hablar de lo negativo que pasó ayer o hace 20 años?

¿Aprovechamos la ocasión para re-crear eventos dolorosos que nos entristecen y lastiman?

Lo que pasó, pasó, y no podemos modificarlo. Basta con analizarlo una vez, con toda la honestidad que merecemos, y aprender la lección implícita en la vivencia. Si hay reacciones emocionales, o sentimientos remanentes, que salen a flote, vamos a manejarlos y a procesarlos, y a cerrar el capítulo.

Las emociones pueden re-crearse si en nuestra mente, vivimos una y otra vez una determinada experiencia, lo que por lo general hacemos con las que nos lastiman, no con las que llenan de endorfinas nuestro sistema.

Perder el tiempo buscando el por qué pasó esto o lo otro, es gastar una energía que puede sernos muy útil para vivir, crecer y aprender.

Si algo nos molestó, encontremos ¿PARA QUÉ sucedió eso en ese momento de nuestra vida? No existe la casualidad, hay un mensaje en todo lo que llega a nosotros. No son cosas fortuitas o al azar, no nos persigue la mala suerte ni tropezamos sólo con personas que nos lastiman.

Cuando hayamos aprendido la lección, demos gracias a nuestros Maestros de vida, y avancemos.

Pongamos la energía en el aquí y el ahora, vivamos intensamente el minuto presente, gocemos lo que sí tenemos, demos paso al amor y el respeto, y construyamos el futuro que soñamos.

Noviembre 14 del 2014

Renovación 319
Estamos donde nuestra mente está”.

Muchas veces nos hemos encontrado un hecho intempestivo mientras estamos realizando una labor más o menos rutinaria, por ejemplo, mientras guisamos, escribimos en la computadora, compramos en el supermercado las provisiones de la semana, o vamos manejando el auto.

Traemos en la cabeza muchos asuntos pendientes, o en el corazón muchas congojas, y ahí están zumbando como moscardones día y noche, sin descanso.

De pronto, nos encontramos que en lugar de conducir el auto a la escuela de los niños, nos encontramos camino a casa, o ha sonado repetidas veces el teléfono y no lo hemos escuchado, nos hemos cortado al picar las verduras a pesar de ser expertas en la labor, o traemos un calcetín de un color distinto al otro, etc.

En estos casos, no importa dónde nos encontramos físicamente, nuestra mente está en otro lado diferente y, como no tenemos el don de la ubicuidad, lo más probable es que terminemos con un accidente porque no estamos capacitados para esa ubicación dual. Nuestra concentración es muy baja.

Un reto a la vez.

Encaremos los retos y los desafíos, uno primero y, cuando lo hayamos resuelto, atendamos otro.

Tener muchos frente de lucha abiertos al mismo tiempo, facilita que cometamos errores en alguno de ellos y el que nuestra energía disminuya, además de que puede presentarse la contingencia de que nos rebase las necesidad de atenderlos en forma simultánea.

Así que mantengamos mente y cuerpo en el aquí y ahora, en el momento presente. El pasado ya pasó y no podemos cambiarlo.

Estar “rumiando” lo acontecido sólo nos agotará emocionalmente.

Lo que sí está en nuestra manos es el futuro que construimos hoy, mediante nuestro Proyecto de vida personal.

Conviene fijar un tiempo breve para aislarnos a pensar, analizar, calcular, razonar, medir acciones y sus consecuencias, encontrar opciones para mejorar, y para solucionar conflictos o situaciones delicadas.

“Los accidentes no nacen, se hacen”. Vamos a evitarlos.