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LA ÚLTIMA CASITA

Por una razón u otra, me demoré 15 años, desde que compré un nicho en unas criptas, en ponerle la puerta, cerradura e inscripción con el nombre.

Como tanatóloga no puedo esquivarme en el pretexto encubierto en la frase con la empiezo este relato: la razón se llama MIEDO. Según yo ya había trabajado mi muerte, la había aceptado, tengo testamento, mis papeles en orden, pero faltaba el último detalle: decidir y adecuar el lugar donde mis hijos pondrán mis cenizas. Ya no se permite el romanticismo de que las esparzan aquí o allá, ni yo lo había imaginado tampoco.

Desde niña viví muchas mudanzas con mis padres. Recuerdo que siete veces supe lo que se sentía al desprenderse de un lugar que te había cobijado, a ti y a tus sueños por equis tiempo, dejar atrás los amigos, la escuela, lo conocido, para enfrentar un nuevo panorama desde cero.

Como casada también fueron siete mudanzas, desde la primera en que todo lo que teníamos cupo en un coche y empezamos con una cama y un buró, hasta la más traumática que fue pasar de una casa de 600 metros de construcción y tres pisos, a un departamento de 120 metros cuadrados.

Parece que el siete está muy presente en mi vida. Por eso pensé que cuando yo empiece a transitar en el nuevo ciclo, en otro plano, será necesario dejar la vestidura que usé en este mundo: mi cuerpo, en un lugar donde no estorbe ni cause problemas.

La mudanza física ya les tocará a mis hijos, a los que les recuerdo: EL CADAVER NO ES LA PERSONA. Los minerales en forma de cenizas en la cripta, no son YO.  Mi alma, mi espíritu, mi esencia, no se pueden encerrar en un lugar así.

Cuando terminé de poner al día mi última casita, (en diminutivo porque es un espacio muy reducido de más o menos 40 por 40 centímetros), sentí una gran paz interior. Ya estoy lista para partir. Faltan todavía algunos años en que pienso seguir cumpliendo mi Misión y trabajar para ayudar a los demás a elevar la calidad de su vida.

Los invito a vencer el miedo al desprendimiento de este mundo, al momento en que digamos “Hasta luego”, a evolucionar, y tomen las decisiones necesarias para hacerles el trance menos molesto a sus familiares.

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¿RECORDAR O VIVIR?

RECORDAR ES VIVIR.  EsTo  lo que dice un dicho popular, y es cierto. Rememorar es revivir (volver a vivir) situaciones, emociones, acontecimientos del pasado. Ahora bien, es necesario tener en cuenta algunos aspectos si somos de las personas que pasamos mucho tiempo recordando el ayer:

  • Es nuestra elección lo que QUEREMOS volver a vivir:
    • Los momentos gratos que nos llenaron de placer, o
    • Algunos episodios dolorosos y amargos que nos dejaron un mal sabor de boca.
  • Decidir cuánto tiempo vamos a estar en el pasado. Por muy agradable que sea, si estamos en el ayer, dejamos de vivir el hoy, y de construir el mañana.

Tomando en cuenta estas premisas, entendemos que aprender del pasado mientras recordamos, puede ser positivo y enriquecedor.

Si somos personas que ya pasamos el meridiano de nuestras vidas, vale la pena mantener un enfoque POSITIVO todo el tiempo, así que gocemos nuestros recuerdos, y vamos a preguntarnos: ¿Qué hice yo para que las cosas salieran bien y fueran tan gratas? Eso me dará la pauta de volver a recrear las acciones que condujeron a ese resultado positivo. También se puede aprender de lo positivo, no solo de nuestros errores.

Distribuir el tiempo entre “recargar pilas” con la energía positiva de los recuerdos, el vivir a plenitud el día de hoy, mientras construimos un mañana mejor para nosotros, los nuestros, la humanidad, es esencial para seguir un proceso evolutivo sano.

Cuando una persona deja de VIVIR, y se dedica a SOBREVIVIR nada más, sin tener un objetivo claro de PARA QUÉ ESTÁ EN ESTE MUNDO, si carece de un PROYECTO DE VIDA y un PROYECTO DE MUERTE, es simplemente un cuerpo sin alma ni espíritu, un cadáver viviente.  Esta condición no es exclusiva de la vejez, también hay personas jóvenes que transitan así por este mundo.

Estamos por cerrar un año más.  Puede ser un momento propicio para modificar nuestro Proyecto de vida, diseñar uno si aún no lo hemos hecho, tomar consciencia de si estamos viviendo o vegetando, de lo que queremos ser y hacer el día de mañana, de empezar a construir nuestro futuro, sin esperar a que Dios se ocupe de él.  Él ya nos dio el libre albedrío y muchas herramientas para que asumamos esa responsabilidad.

¡Productivas reflexiones de fin de año llenas de amor, logros, y planes positivos para el futuro!

 

Agosto 22 del 2014

Renovación 235

Es importante evitar juzgar a los demás.

Hoy voy a recordar y a preguntarme cuando caiga en emitir juicios sobre los demás: ¿Quién soy yo para juzgar a nadie?

Emitir o imponer juicios de valor, basados en una religión o en determinada creencia, me conducirá al fanatismo, a creerme superior o mejor que los demás, a querer imponer mi juicio y discriminar, segregar, castigar, a quien piense diferente a mí.

Escudarme en determinadas creencias religiosas para no respetar a otras personas porque tienen distintas preferencias sexuales a las mías, son de otra raza, religión, nacionalidad, es una clase de discriminación encubierta con “nobles razones”.

Hacerlo porque “me preocupo por su alma, por su salvación, porque se van a condenar en la otra vida”, es una muestra de fanatismo y falta de respeto.

Dios es Amor, no una copia de nosotros con nuestros defectos y carencias, limitaciones, preferencias y rechazos.

Hoy voy a encontrar a Dios en todo y en todos, en la naturaleza, en todo ser vivo, en el universo, en el infinito. Voy a empaparme de su amor, a vivir en el amor, a ser amor.

Vida después de la muerte

A solicitud de unas amigas que se interesan en la Tanatología, voy a abrir una puerta para que todas las personas que hayan sido testigos, o hayan vivido una experiencia más allá del umbral de la muerte, lo compartan con nosotros.

El primer caso que me narraron fue hace dos días. Se trata de una persona conocida, en pleno uso de sus facultades mentales, con una familia estable y sin problemas emocionales.

Ella tiene 60 años y cuenta que la sometieron a una cirugía programada para extirparle un quiste. Recuerda cómo se quedó dormida muy tranquila porque confíaba plenamente en su médico.

Durante el transcurso de la cirugía relata que ella vio como salía de su pecho una especie de nubecita, como un algodón de dulce, que voló hacía una ventana que estaba en el lugar, como buscando salir de ahí. No pudo salir, por lo que voló por el quirófano y regresó a toparse con la misma ventana una y otra vez hasta que terminó por regresarse a su pecho.

Cuando volvió en sí de la anestesia, el médico le dijo que había surgido una complicación durante la cirugía y que, durante unos cuantos segundos, pensaron que la habían perdido, que se había muerto.

Ella lo interpretó como que la pequeña nube que vio, era su alma que salió de su cuerpo y buscaba irse del lugar, y que, al no poder hacerlo, terminó por regresar a su cuerpo.

Compartiremos los relatos y cada quien podrá interpretarlos según sus creencias.

Vestido

Hoy vamos a agradecer tener ropa para cubrirnos del frío y de las inclemencias del tiempo y, probablemente al leer este blog supongo que tendrán ropa destinada a algo más que satisfacer una necesidad básica ¿o estoy equivocada?

La ropa se ha ido volviendo desechable, como muchas otras cosas y, como algunos pretenden, se vuelvan las parejas, las familias, las relaciones.

Recuerdo que antaño las abuelas, o las costureras que laboraban en las haciendas, zurcían con un tejido intercalado los calcetines, calcetas, medias o mallas, introduciendo un huevo de madera, marfil u ónix. Eso pasó a la historia, ahora si se rompen, se tiran, además de los miles de calcetines nones que existen en cada hogar y que acaban igual en el bote de la basura.

Conocí a una señora francesa que cada año, al iniciar las distintas temporadas, se compraba un traje de dos piezas, dos blusas, un sueter, todo de magnífica calidad, sin ser de firma, ni pret-a-porter. Conservaba del año anterior algunas piezas clásicas que utilizaba para combinar con su atuendo nuevo, tal vez un blazer, unos pantalones impecables de corte clásico, así como accesorios: foulards, mascadas, bolsos, calzado, adornos, y lo demás lo llevaba a un dispensario donde lo vendían a un precio simbólico a personas que lo necesitaban. Cada tres años adquiría un abrigo y una gabardina nuevos y regalaba los que tenía a algún familiar o amigo menos afortunado. Estaba siempre impecable, actualizada, elegante y no gastaba dinerales en ropa que nada más hace bulto en el closet y se pasa de moda ahí, esperando que la dueña adelgace o que adquiera algo para combinarla.

También hay hombres que funcionan de manera conservadora, discreta y actualizada y otros que compran compulsivamente prendas que no van a usar.

Empecemos por dar las gracias por tener con qué cubrir las desnudeces del cuerpo, que las del alma es más difícil de lograr. Hay miles de personas que carecen de este recurso elemental y viven con harapos deshilachados, tal y como está su presente y su futuro.

Si nos es posible, seamos generosos y compartamos algo de lo que tenemos, no lo que se está cayendo a pedazos, no lo roto o inservible, sino algo de nuestra ropa en buen estado y donémosla a un asilo, dispensario, refugio, orfelinato, y la próxima vez que vayamos de compras, respiremos profundamente antes de caer en el consumismo y sopesemos si en realidad necesitamos esa prenda.

Ver y mirar

El ejercicio de hoy es mirar a tres personas, sólo eso, mirar a tres personas. Parece ser algo muy sencillo, y lo será si estás acostumbrado a mirar lo que pasa a tu alrededor.

Veamos que implican los verbos ver y mirar para distinguirlos e identificar cuál es el que estamos practicando con mayor frecuencia. Según la enciclopedia, ver es:

  • Percibir algo con la vista. “ pasar el avión”
  • Visitar o estar con alguien. “Nos vemos mañana”
  • Asistir a un espectáculo. “¿Ya viste la película de Batman?

Hay otras formas compuestas para utilizar el verbo en forma imperativa, especulativa, reflexiva, etc., lo importante es que nos quedemos con la idea que ver significa pasar la vista por algún objeto, animal o persona y tomar nota de su presencia, y que nos sirve para almacenar recuerdos gráficos en la memoria..

Mirar es otra cosa, ya que además de ver algo o a alguien, se busca conocer, identificar certificar, curiosear, descubrir, encontrar, algo interno en el objeto de nuestra mirada. Hay un compromiso intelectual, psicológico y/o emocional en el hecho de profundizar en su presencia y sus acciones.

Se dice que “los ojos son el espejo del alma” y considero que es cierto. Ustedes pueden percatarse del estado de ánimo o del dolor de una persona (animal) a través de su mirada.  Hay varios ejemplos que aclaran esto, uno que me llamó la atención fue cuando  Nadia Comaneci  (Rumanía 1961) ganó en Canadá  todas las medallas de oro en gimnasia olímpica, ya que si mirabas bien sus fotografías podías darte cuenta de una profunda tristeza en sus ojos.  

En otra ocasión, me sentí conmovida por la tristeza infinita que mostraba un perro cuyo amo había muerto, acostado frente al sillón donde solía el señor ver la TV o leer el diario. También me ha tocado escuchar a personas en fase terminal que están sufriendo dolores tremendos, decir que se sienten bien y, al mirarlas a los ojos encontrar el dolor que no quieren hacer sentir a sus seres queridos. Yo respeto su decisión y les comunico que sé lo que sienten y porque lo ocultan. La gratitud de sentirse comprendidas y apoyadas es un bálsamo para ellas.

Hay quien evita la mirada y trata de pasar desapercibido también para que no lo miren. Puede ser por el temor de ser rechazado al considerarse inferior, o por algo que ocultan en sus pensamientos o sentimientos. “Ni tanto que queme al santo….,” sugieren que mirar a los ojos no dure más de un minuto porque puede hacer que la otra persona se sienta intimidada o presionada. Esto no va con los enamorados que pueden pasar mucho tiempo perdidos en la mirada del otro sin ningún problema.

La mirada tiene vida propia, puede ser alegre, profunda, triste, perdida, inquietante, esquiva, manipuladora, restrictiva, aprobatoria o rechazante, en fin, puede haber toda una gama de intenciones detrás de ella.  Hay ocasiones en que decimos que esa persona traspasa al otro con su mirada, o puede atraparnos por su intensidad. La mirada es el primer contacto real, antes de que existan las palabras o el acercamiento entre una persona y los demás.

Ahora sí planteamos el ejercicio otra vez: mirar a tres personas, no importa quienes sean, familiares, compañeros, amigos, jefes, subalternos. No vas a hacerlo en forma obvia ni permitir que la otra persona se percate de tu mirada, si no a utilizar toda la discreción necesaria para no afectarla. Mira en su interior y mira su lenguaje corporal. Vas a encontrar muchos aspectos interesantes en su personalidad que tal vez se te hayan escapado antes y ello puede mejorar la relación interpersonal.