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Diciembre 27 del 2014

Renovación 362

Es válido pedir ayuda si nos sentimos débiles, cansados, o no sabemos qué hacer, y es importante saber a quién recurrir.

Puede haber personas que nosotros esperamos que nos ayuden porque nos une algún lazo familiar o de amistad, y ellos no pueden, no saben, o no quieren ayudarnos. Aceptemos esa situación como una realidad y encontremos el apoyo o la ayuda en otro lado, con otras personas.

Si nosotros hemos sembrado, lo más probable es que podamos cosechar algo del apoyo que hemos brindado en el pasado, sin olvidar que existe la posibilidad de que alguien sea ingrato en ese sentido.

La ayuda llega a veces de las personas que menos imaginamos, de alguien a quien no hemos apoyado antes, alguien generoso y noble que tiene para dar y dar.

Por eso es conveniente que nos rodeemos de personas sanas que puedan dar y recibir amor sin problemas.

Vamos a aceptar la ayuda con gratitud y, cuando sea nuestro turno de dar, vamos a dar apoyo y aliento con alegría y prontitud.

OCTAVA PUERTA: DAR

Cuando nacemos dependemos al 100% de los demás porque necesitamos para sobrevivir que nos den todo: calor, alimento, contacto, cariño, así que nos acostumbramos a recibir y a ser una parte de nuestra fuente de satisfactores.  Poco a poco, viene la individuación y la autosatisfacción en muchos sentidos, tal el vez el primero sea el lúdico, aunque sigamos dependiendo de los demás para sobrevivir, hasta que nos independicemos en todos los sentidos.

Así, recibimos todo desde que nacemos  y nos acostumbramos a ello. Al crecer, si confiamos en nosotros mismos, vamos a ser capaces de proporcionarnos muchos satisfactores de toda índole, y vamos a aprender a compartir y a dar, en un intercambiando que nos hace formar parte de muchas redes: familiares, sociales, deportivas, laborales.

Aunada a muchas inseguridades, está la necesidad de poseer, de guardar, de acumular en exceso, de no compartir, y de esperar que los demás nos sigan dando todo lo que requerimos.

En el equilibrio está la clave, guardar lo necesario, compartir lo que haga falta al grupo, dar y recibir con amor, en armonía, sin egoísmo ni intereses ulteriores

Se dice fácil y nos cuesta mucho trabajo hacerlo.  Si no lo crees, asómate a tu closet y revisa cuánta ropa de más tienes, no necesitas 20 pares de zapatos, cuatro abrigos, 30 suéteres, etc., de los cuales muchos no has usado en años, mientras hay personas que se mueren de frío a tu alrededor. Puedes hacer un inventario en tu casa para ver si tienes una personalidad retentiva y acumulas y acumulas cosas, recuerdos, recuerditos, bobada y media, y te has concentrado más en tener que en ser.

No sólo guardamos cosas, también guardamos el reconocimiento, las caricias, el aliento, el apoyo, el cariño que podemos dar a los demás.  Revisa si tienes una caja fuerte donde has acumulado todo esto durante años o durante toda tu vida, lo que no te hará más poderoso sino más infeliz.

Cuando damos, permitimos que el flujo positivo que nos llega, siga su curso y se ensanchen los caminos. Ten la seguridad que te llegará multiplicado por “setenta veces siete” todo lo positivo que des a los demás. Empieza hoy, comparte todo lo que tienes de más en tu casa con los que no tienen nada. Mira con una óptica nueva a todos a tu alrededor y empieza a darles lo que intuyas necesitan para vivir mejor. Sé generoso(a) con tu sonrisa, con tu saludo, con el reconocimiento verbal que esperan de ti, regala abrazos y palabras de aliento a quienes sufren. En tus oraciones, pide por y para ellos, no para ti, lo tuyo llegará en su momento.

Séptima puerta: Perseverancia

Perseverar significa tener firmeza y constancia en la ejecución de los propósitos y en las resoluciones del ánimo, o dicho e otra forma, poner dedicación y firmeza en las actitudes e ideas o en la realización de las cosas.

 Aprendemos a perseverar desde la infancia mediante el manejo de la frustración y la confianza que tengan en nosotros quienes nos formen, que pueden ser los padres, abuelos o personas sustitutas.

Si hemos tenido la buena fortuna de haber tenido unos padres amorosos, que nos aceptaron y confiaron en nosotros desde que nacimos, que supieron o intuyeron que sí teníamos la capacidad para resolver las situaciones complejas o difíciles que se nos atravesaban en el camino, ya fuera caminar solos, subir una escalera, comer o vestirnos sin ayuda, etc., si ellos  permitieron que nos equivocáramos y aprendiéramos de nuestros errores, es probable que hoy día sepamos manejar la frustración.

Si por el contrario, nuestros padres fueron sobreprotectores, se anticipaban a lo que queríamos decir, interpretaban (o lo intentaban) nuestro pensamiento y nuestros deseos y los complacían de inmediato, y/o si fuimos muy hábiles utilizando la manipulación, el sabotaje o la agresión contra ellos para lograr algún capricho o para obtener algo que nos agradaba, puede ser que esperemos que todos nos complazcan de la misma manera, y si no lo hacen, cambiemos nuestra conducta hacia ellos, o demandemos algo más bonito, importante, valioso, que aquello que no nos están otorgando.

Al haber recibido el aliento y el apoyo de continuar el aprendizaje de cualquier destreza en la infancia: tomar la cuchara y llevarla a la boca, caminar solo, controlar esfínteres, etc., no sólo conservamos el dominio de la actividad que llevábamos a cabo una y otra vez, sino el aprendizaje de que si perseveras en una conducta o una acción, vas a lograr llevarla a cabo según lo deseas.

Es importante aquí mencionar el efecto Pigmalión, que en palabras sencillas quiere decir que las expectativas del maestro, aunque no sean verbalizadas o mostradas en forma notoria,  influyen en el aprendizaje del alumno y los resultados esperados.

El amor, la aceptación y la confianza que se depositen en el bebé, van a definir muchas cosas en su personalidad, una de ellas, su manejo de la frustración y la perseverancia ante cualquier reto que se le presente.

Tal vez tú no tuviste la suerte de ser formado con amor, aceptación y confianza total, no importa, tú puedes reparentalizarte y empezar hoy mismo a modificar lo que sea necesario para incluir dentro de tus capacidades la perseverancia.

Bibliografía:

  • James, Muriel “Libre” Ed. Fondo Educativo Interamericano.
  • James, Muriel & Jongeward, Dorothy, “Nacidos para triunfar”.  Ed. Fondo Educativo Interamericano.
  • Satir, Virginia, “En contacto íntimo”. Ed. Pax
  • De Melo, Anthony, “Autoliberación interior”, Ed. Vida Nueva.

Todos los libros de estos autores, los del doctor Eric Berne, creador el Análisis Transaccional, los del doctor Lair Ribeiro (PNL), son excelentes fuentes para adquirir técnicas para modificar o incorporar elementos que nos permitan una formación integral y muchos de ellos pues bajarlos en forma gratuita en internet.