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ENOJO Y RENCOR

 

Todos nos enojamos en ocasiones, con razón o sin ella. Esto es algo común que no distingue edad, sexo, nacionalidad, condición económica o social.

Lo importante es ¿QUÉ HACEMOS CON NUESTRO ENOJO?

  • ¿Gritamos, insultamos, peleamos con quienes pensamos “nos hicieron enojar”?
  • ¿Nos volvemos ostras y cerramos nuestra coraza emocional para rumiar el enojo y carburarnos con resentimientos del pasado?
  • ¿Nos alejamos de la persona que “nos hizo enojar”?
  • ¿Identificamos nuestro enojo, lo canalizamos, nos deshacemos del remanente energético negativo de la ira, y CON ASERTIVIDAD E INTELIGENCIA EMOCIONAL, procedemos a ANALIZAR el origen del enojo?

Habrán visto que entrecomillé “nos hicieron enojar” porque:

  • NADIE PUEDE HACERME SENTIR ALGO QUE YO NO QUIERO SENTIR.
  • YO SOY RESPONSABLE DE LO QUE PIENSO Y DE LO QUE SIENTO ANTE LOS ACTOS DE LOS DEMÁS.

Vamos a suponer que una amistad nos dice mordazmente algo sobre lo gordo o lo viejo que estamos. Yo puedo contestar al bote pronto y decirle que él o ella también está gordo o feo,  También puedo callarme y no volverle a dirigir la palabra, o puedo analizar por qué me lo dijo en ese tono, qué sentimientos generaron su acción, si hay algo de verdad en lo que dijo (sobre la gordura, no la fealdad) y analizar si me conviene reflexionar al respecto, o ignorar su agresión.

Lo importante es no “engancharse”. Si me enojo es porque en el fondo yo me siento gordo o feo, me duele que me rechacen y no me acepten como soy (porque yo no me acepto).

Ante cualquier insulto o agresión tenemos la opción de elegir nuestra respuesta con Inteligencia Emocional, no en forma reactiva. Podemos poner límites, aclarar que no admitimos ese tipo de comentarios sin enojarnos ni alzar la voz, con firmeza y determinación.

Podemos también, si nos interesa la persona, preguntar por qué dice eso, cuál es su objetivo, intuir si su agresión es producto de una conducta-espejo, de resentimientos del pasado que afloraron en ese momento, y mediante la escucha activa, manejar el asunto en forma asertiva.

Julio 3 del 2014

Renovación 185

Además de aprender a recibir, es importante aprender a pedir.

Las personas que nos rodean pueden tener muchas cosas en su cabeza: trabajos pendientes, problemas no resueltos, y por ello no siempre nos dan lo que necesitamos, ante lo cual podemos hacer dos cosas: pedirles lo que requerimos, o “sentirnos mal” porque no nos dan lo que necesitamos o esperamos recibir.

Ser asertivos es indispensable para que la comunicación fluya entre las personas. Poder plantear mis necesidades, sin sentirme menos que el otro en ningún sentido, respetando la posibilidad de que esté o no en la posición de cubrir nuestras necesidades es básico para una relación sana.

Yo puedo pedirle a mi pareja un abrazo, que me escuche un rato mientras le digo qué siento, y dependerá de él que pueda y quiera hacerlo. Es necesario que encontremos el momento oportuno cuando pedimos algo, así como el lugar indicado, por ejemplo, si estoy dejando a mi hijo en su escuela secundaria, es absurdo pedirle que me dé un abrazo y un beso delante de sus compañeros, porque se sentiría avergonzado. Pedirle a mi pareja que me escuche cuando está ensimismado con un problema de la oficina que es urgente resolver, es inoportuno y desconsiderado.

Así que encontraremos el lugar, el momento y las circunstancias más propicias para comunicarnos, no sólo con nuestros familiares, con todo mundo.

Existe la posibilidad de que la otra persona no se abra a la comunicación, no sea receptiva, no sepa comunicarse, porque no tiene un patrón positivo para ello. Esto no es una agresión contra nosotros, es una carencia de ella. Evaluar este factor nos evitará muchos dolores de cabeza.

Vamos a ser asertivos y a comprender a los demás.

Abril 29 del 2014

Renovación 120

Si descubrimos que algo, o mucho, de lo que estamos haciendo es para llamar la atención y recibir reconocimiento, cariño, apoyo, mimos, de nuestros seres queridos o de quienes están a nuestro alrededor, empecemos a pedir lo que necesitamos, o queremos, en forma directa.

Eso requiere aceptar un NO por respuesta en ocasiones, y reconocer que no es porque no es que nosotros no merezcamos ese mimo, o esa atención, sino que la otra persona no sabe, no puede, o no quiere dárnoslo.

Puede ser que esa persona nos quiera chantajear o agredir con su negativa o indiferencia. Ese es su problema, no el nuestro. Busquemos otras fuentes de cariño y ya está.

Evitemos engancharnos en una relación tóxica.

Vamos a orar por él, o por ella, para que Dios llene su vida de amor y de paz.

Febrero 22 del 2014

Febrero 22 del 2014
Renovación 53

Culpar a los demás de lo “que nos pasa”, puede ser algo que aprendimos en la infancia, de y con las personas con las crecimos, las que nos criaron y modelaron ciertas conductas y actitudes ante la vida.

Si es así, lo más probable es que lo hayamos hecho, en forma inconsciente, durante toda nuestra trayectoria hasta el día de hoy. Los demás son culpables de que yo no haya estudiado una carrera, de que no tenga empleo, de que sea alcohólico o drogadicto, de que el dinero no me alcance, de que mis hijos sean delincuentes, etcétera.

En el concepto de “los demás”, están incluidas las personas que han estados y están a nuestro alrededor en la actualidad, las figuras de autoridad: gobierno, padres, maestros, líderes, así como las circunstancias eventuales en que nos encontremos, crisis económica, inundación, muerte de un ser querido.

Vamos a tener eventos adversos en el camino, nos vamos a encontrar con gente negativa que puede agredirnos, eso no podemos evitarlo.

Lo que sí podemos hacer es aprender del pasado y empezar a aceptar que las reacciones ante esas agresiones, o ante los obstáculos con que tropecemos, son nuestra responsabilidad. Nosotros podemos decidir cómo sentirnos, pensar y actuar en cada momento de nuestra vida.

Somos responsables de nuestros actos, de cómo nos sentimos y cómo pensamos.

Al principio será difícil si hemos vivido en la cultura del victimismo. Puede que llegue a ser necesario ahuyentar o expulsar de nuestras vidas a quienes nos agreden, maltratan, insultan, minimizan. Si es conveniente tomar esta decisión, vamos a proceder a ello después de un análisis objetivo de la situación.

NOVENA PUERTA: PERDÓN

La definición de perdonar puede tener varias acepciones:

  • Olvidar la falta que uno mismo o alguien más ha cometido.
  • No guardar rencor ni querer castigar a los que nos han lastimado o agredido.
  • No tomar en cuenta la deuda que alguna persona tiene con nosotros.
  • Librar a una persona del castigo que está estipulado por una falta cometida.
  • Pasar algo por alto para favorecer a alguien.

Así que tenemos que la palabra perdonar va de la mano con una falta o agresión, ya sea física, verbal, emocional, psicológica, que conlleva dolor, decepción, enojo, por lo que se dice pronto y cuesta mucho llegar a practicar el perdón.

Cuando somos niños aprendemos a “pedir perdón” y decimos:

 Mamá, perdóname, ya no lo vuelvo a hacer” – y a la vuelta de unas horas o unos días, repetimos la misma falta u omisión.

Esto puede convertirse en un patrón, por ejemplo, los misóginos que golpean a sus parejas, después de propinarles una golpiza,  les piden perdón, se hincan, lloran, prometen “portarse bien” en el futuro, y logran que ellas no los demanden o pidan el divorcio. Pasa un tiempo y, por quítame estas pajas, vuelven a recurrir a la violencia física contra ellas. Éste es un círculo vicioso que no va a romperse hasta que entren a tratamiento psicológico los dos y rompan con los patrones que los mantienen en esa relación destructiva, por lo que sii  tú padeces violencia de género,  retírate de ahí y encuentra ayuda cuanto antes, no te expongas, ni expongas a tus hijos a una dinámica patológica y criminal.

Los hijos suelen ser propensos a juzgar a sus padres y a guardarles rencor por algo que hicieron o dejaron de hacer cuando ellos eran pequeños. Aquí el perdón viene de la mano de la comprensión. Es necesario identificar, razonar, aceptar, que los padres hicieron lo que pudieron con lo que eran en ese momento de su existencia, que ellos son producto de la educación y formación que recibieron de sus padres y abuelos. Nadie puede dar lo que no tiene. Si ellos no tenían un patrón de padres amorosos, no pudieron abrazarlos, besarlos, mimarlos, todo que los niños esperában y/o necesitaban. Si los padres provenían de una familia disfuncional, es ahí donde se encuentra la raíz de la conducta que reprochamos. Acéptarlos como son y poner límites si es necesario para que no practiquen actitudes inadecuadas contigo y con tus hijos es lo indicado. El siguiene paso será manejar las emociones y sentimientos que surgieron ante la agresión u omisión de los padres pa así llegar a comprenderlos.

Perdonar al otro es entender sus motivos, sus necesidades, sus carencias, y  manejar en forma asertiva las emociones displacenteras que la agresión o falta cometida contra nosotros desata en nuestro interior, lo cual no implica que permita que me siga agrediendo o faltando al respeto una y otra vez. Te entiendo y no permito ni tolero que me agredas en ninguna forma, ni que me faltes al respeto.

Sólo cuando hemos logrado perdonar a nuestros padres y a las personas que nos han causado daño, nos damos cuenta que hay otra persona a la que conviene perdonar y esa prsona es uno mismo.

Les daré un ejemplo: una señora me comentaba que tiene quince años en una relación sin futuro con un hombre casado y lo culpa por “retenerla” en esa relación clandestina. Él puede ser egoísta, comodín, abusador, misógino, etc., ese es su problema, lo importante aquí es reconocer que ella ha querido permanecer en esa relación por algunas necesidades psicológicas específicas. Así que no es a él a quien requiere perdonar, él es como es, así se comporta y no va a cambiar, a la que le conviene perdonar es a sí misma, ya que se ha mantenido ahí para evitar el compromiso de una relación de pareja-pareja que implique una entrega total y un proyecto de vida en pareja.  El camino del auto-perdón es: reconocer su debilidad, trabajarla, elevar su autoestima, valorarse, aceptarse, lo cual le permitirá enfrentar sus errores y aprender de ellos. Flagelarse con el látigo de las siete puntas no sirve para nada, lamentarse “por el tiempo perdido”, tampoco. Tomar consciencia de que a la única persona que puede cambiar es ella misma, aceptarse, perdonarse y seguir adelante, es la respuesta asertiva a la situación en que se encuentra.

Si guardas rencor o resentimiento hacia alguien, es por una ira que no manejaste en su momento, enfréntala y canalízala para liberarte de ella. El rencor sólo puede hacerte daño a ti, la otra persona se queda tan campante. Acepta que no hay victimario si no hay una víctima que le permita agredirla. Por supuesto que hay casos de abuso sexual o psicológico en la infancia en que la persona es víctima sin poderlo evitar, si esa es tu situación, encuentra ayuda profesional especializada y trabaja tus emociones y sentimientos hasta llegar al perdón.   

 

 

 

 

 

 

 

Bulling

El “bulling” es una agresión intencional, continua, contra una persona para causarle una lesión o molestia y hacerla sentir inferior, indigna, rechazada, deforme, La agresión puede ser física: golpes, empujones, zancadillas, arrojarle objetos, verbal: insultos, palabras soeces, destacar defectos, raza o color diferentes a los de la mayoría, o acciones veladas o sutiles como “la ley del hielo”, aislamiento, marginación, etc.

En el “bulling” intervienen al menos tres personas: el agresor, la víctima y el observador que observa todo en forma pasiva y no hace nada para impedir la agresión. 

Existen varios puntos en los que se puede trabajar para evitar la aparición de las conductas violentas y criminales, llamadas “bullying”:

*  estudiar los fenómenos psico-sociales que se están presentando en nuestro País (aunque el “bullying” se de también en otros lugares), para lograr erradicarlo de nuestras escuelas, centros deportivos y lugares de reunión de niños y jóvenes.

*  detectar las razones socio-económicas y culturales que favorecen el que se presente esta conducta en jovencitos.

*  implementar programas para rescatar los valores universales que se han ido perdiendo en el camino, desde el Jardín de Niños, hasta la educación profesional.

¨*   reforzar la autoestima de niños y jóvenes para que busquen satisfacciones en el logro de metas productivas y no en el tener el último aparato electrónico de juego o de comunicación.

 *   fomentar la práctica del deporte como medio para canalizar la energía de los adolescentes.

 *   impartir, en forma profesional y continua, Diplomados de Escuela para Padres, a los que puedan asistir las parejas desde antes de embarazarse, hasta las que ya son abuelos.

 *   legislar e imponer castigos muy severos a los niños y jóvenes que lo practiquen, así como a sus padres o tutores, y/o a las Escuelas o Instituciones que muestren indiferencia ante este fenómeno. Esto ya se ha hecho en otros Países, por ejemplo, en España, el año pasado multaron con $ 40 000.00 euros a un colegio religioso por no hacer nada en un caso de acoso (7-10 años).

*   utilizar la fuerza de los medios de comunicación para concienciar a toda la población del peligro que implica el “bullying”, por el deterioro en la sensibilización que van sufriendo los niños agresores, ante el dolor de un ser humano.

 *   establecer Centros de ayuda y orientación gratuitos

 *   favorecer la creación de Asociaciones y Grupos de autoayuda dirigidos a prevenir, orientar, evitar y canalizar a los niños que son víctimas de la violencia de sus pares.

 

 

 

 

 

 

 

 

Discriminación laboral contra la mujer

Según datos del INEGI, las mujeres con la misma capacidad  y preparación que los hombres, que laboran en el mismo puesto, con las mismas horas de trabajo, obtienen (en promedio) el 12.6% menos de ingreso  y frecuentemente son sujetas a condiciones inferiores de trabajo.

En once grupos analizados por esta dependencia se encontró discriminación salarial hacia las mujeres, siendo el índice mayor entre los supervisores industriales donde llega a un -56.9% (tomando el 0% como punto referente de equidad) y menores entre los empleados domésticos -0.5%; empleados de servicios -3.2%; oficinistas -9.6%. En general, las mujeres reciben la tercera parte de salario que el sexo opuesto, a pesar de contar con la misma preparación para desempeñar el trabajo.

La diferencia se hace más notoria conforme sube el nivel laboral. En un estudio sobre la brecha salarial en Europa se habla de que los hombres cobran entre el 16% (UE) y el 22% (INE) más que las mujeres y eso que ahí ya se ha legislado para imponer multas a las empresas que discriminen a la mujer, aunque todavía no se apliquen en su totalidad las inspecciones y los cobros de las mismas.

Viviane Reding, vicepresidenta de la Comisión Europea de Justicia, plantea el problema del “techo de cristal” (a las mujeres no se les permite llegar a puestos de alto nivel en las empresas), como una cuestión económica más que como una reinvidicación de derechos, al enfatizar que “las empresas con mayor presencia femenina al mando obtienen mejores resultados; las mujeres significan negocio”. Aunque no se inclina por las cuotas obligadas de mujeres en puesto de alto nivel, considera que es una medida que puede dar resultados, ya que el 75% de los ciudadanos apoya la medida si no hay otra forma de lograr la igualdad.

Algunas medidas que se proponen en México son la creación de más Guarderías para apoyar a la mujer que tiene hijos, la capacitación especializada,  el seguimiento de los casos en que existan demandas por discriminación salarial, laboral o algún otro tipo de agresión en el trabajo como el “acoso sexual”, explotación física o laboral, etc.  

¿Tú qué medidas consideras que pueden implementarse o reforzarse para erradicar la discriminación laboral y salarial de la mujer?

* periódico “El Universal”. 6 de marzo 2012, Eduardo Jardón. México.

* periódico “El País”, 6 de marzo 2112, Lucía Abellán (Bruselas), M.R. Sahuquillo (Madrid).