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Nervios de acero

Vi el partido final de la UEFA Champions League, en la que se enfrentaron el Chelsea (Inglaterra) contra el Bayern Munich (Alemania). Eso es futbol y lo demás son cuentos.

Cuando un equipo anota un gol en los últimos momentos de un encuentro, se entiende que no se da por vencido, que lucha hasta el último minuto literalmente, que sabe que la esperanza es lo último que muere cuando estás luchando por conseguir lo que quieres. Así lo hizo el Chelsea cuando empató el partido y se fueron a tiempos extras. La entrega y hambre de triunfo de los dos equipos era notoria y estaban contra reloj.

Considero que los ingleses tuvieron un manejo del estrés proveniente de un enfrentamiento definitivo como el que estaban viviendo, mucho más asertivo que los alemanes, lo cual se hizo más notorio a la hora de cobrar y parar los tiros penales.

El autocontrol, el manejo de impulsos, la canalización del miedo, una actitud positiva, haber programado segundo a segundo las jugadas que te pueden llevar al éxito, el manejo de la frustración la capacidad de perseverar ante la adversidad, la automotivación, todo esto lleva a los jugadores a tener “unos nervios de aceroy a triunfar. Ayer lo vimos.

Me acordé cuando en 1986, en el Campeonato Mundial de futbol, jugaron en el estadio Cuauhtémoc de Puebla, México, un partido de cuartos de final, España contra Bélgica. El 97% del estadio estaba con España, era impresionante los cánticos, banderas, himnos, y todas las muestras de apoyo que recibieron los jugadores iberos. Se fueron a tiempos extras y a penales, y supe que iban a perder. ¿Por qué? Porque ellos sentían una predisposición hacía los cuartos de final lo que les generaba emociones displacenteras  y sentimientos negativos ante lo que podía pasar.

Además, los minutos antes de empezar a disparar los penales, los del equipo de Bélgica estaban acostados sobre el pasto, relajándose y concentrándose, mientras los españoles atendían a reporteros y fotógrafos, con una cierta actitud de “somos mejores”. Fueron eliminados. 

Lo sentí por Butragueño, un caballero en la cancha, un compañero solidario, un deportista inolvidable, a quien recordé cuando Didier Drogba, jugador del Chelsea, abrazó y consoló a un jugador del Bayern Munich que había fallado un penal, mientras sus compañeros vivían la euforia del triunfo. La deportividad de ambos es un ejemplo de una conducta positiva y un modelo a seguir por jóvenes, jugadores o no.

 

SEGUNDA PUERTA

EL OPTIMISMO (1)

La palabra optimismo se deriva del latín optimus, que quiere decir lo mejor. El primer autor que la utilizó en su obra “Ensayos de Teodicea sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal” publicado en 1710 en Amsterdam, Holanda, fue el filósofo y matemático G. Wilhelm Leibniz (1646-1716) al decir que “Dios había creado el mejor mundo posible”.

Años más tarde, Voltaire (Francia 1759) se burla de este concepto en uno de sus escritos y, aunque él popularizó el término, la palabra optimisme ya se había publicado (1737) en una traducción del ensayo de Leibniz.

El Obispo de Gloucester en Inglaterra, William Warburton (1698-1779), fue quien utilizó la palabra optimism por primera vez en el idioma inglés en 1743.

En castellano la encontramos en 1787 en una obra del escritor español Juan Pablo Foner (1756-1797) y, posteriormente, en el escrito “epicúreo optimismo” del escritor, abogado, político y periodista español, Nicomedes Pastor(1811-1863).

Así que ya tenemos una idea del origen, raíces y significado de la palabra optimismo, por lo que abriremos la Segunda Puerta de este proceso de crecimiento que consta de Diez Puertas.

Dentro de la psicología, podemos decir que el optimismo es una actitud positiva que impacta la percepción de los estímulos del medio externo y el procesamiento interno (mental y emocional) de los mismos, generando acciones que favorezcan el resolver la situación que plantean personas o eventos de nuestro entorno.

Como todos sabemos, el pesimismo es la antítesis del optimismo, y aquí no voy a profundizar en el concepto porque me interesa incrementar lo positivo, no dar reforzamiento a las actitudes negativas.

El optimismo/pesimismo es una actitud que aprendemos desde niños de las personas mayores con las que convivimos y, como todo lo que se aprende, se puede “desaprender”, modificar, eliminar, reforzar, incrementar. Nosotros podemos, aquí y ahora, elegir cuál queremos que sea nuestra actitud ante los retos, amenazas, demandas, contratiempos, pérdidas y eventos adversos que surjan en nuestro camino.

Vamos a reflexionar sobre los siguientes puntos:

  • Cuando alguien te regala algo inesperadamente, sospechas que es porque quiere algo de ti, o para “pagarte” algo que hiciste por ella/él.
  • Si algo no te sale bien, culpas a los demás o a las circunstancias.
  • Te cuesta mucho trabajo admitir tus errores, por lo que siempre tienes un pretexto o justificación.
  •  Sueles “ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”.
  • Si alguien obtiene mejores resultados que tú, piensas que es porque tiene más contactos, es más mañoso o hace trampa.
  • Ante los problemas, te pones nervioso, te sientes confundido, no puedes pensar con claridad por lo que decides que vas a fallar.
  • Analizas tus errores, su origen, asumes las consecuencias con madurez y extraes una enseñanza de ellos.
  • Con mucha frecuencia dices frases como: “Así son las cosas”, “No se puede cambiar”, “Yo no puedo hacer nada para cambiarlas”, “Haga lo que haga, todo me sale mal”.
  • ¿En qué porcentaje evalúas tu actitud optimista ante todo lo que la vida te presenta?
  • ¿Por qué? ¿A quién se lo aprendiste? ¿Te conviene seguir así?

Veremos varios puntos sobre el tema del optimismo. De ti depende que lo incorpores a tu vida para mejorar tus relaciones interpersonales con tu pareja, tu familia, en el trabajo y con todos con los que convives en una forma u otra en el ámbito social.