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# YO ME QUEDO EN CASA (20)

Después de mes y medio, ayer vi a una de mis hijas desde el balcón. Vino a traerme víveres y comida para pasar el encierro al que estoy sometida por voluntad propia. Me dio una gran alegría ver que están bien. No quise ni que entrara al edificio porque ha habido tres casos de contagio. Subí las cosas en una bolsa de compra tirando de una cuerda, digamos que mediante un sistema de poleas rudimentario.

Eso me hizo pensar en los miles de padres que no pueden ver a sus hijos o nietos, muchos de ellos sin un Proyecto de vida personal, que solo sobreviven a través de lo que hacen sus descendientes.

Para no llegar a ese caso, insisto que es indispensable diseñar un Proyecto de Vida Personal. No importa si tienes 20, 30, 60 o 83 años. No importa si estás sano o enfermo.  No importa si padeces una enfermedad terminal,.  En cualquier circunstancia, es conveniente hacerlo.

El núcleo vital de ese Proyecto es tu Misión. Tú no viniste a este mundo a crecer y multiplicarte, eso lo hace cualquier insecto, tú estás aquí PARA ALGO ESPECÍFICO. Descubrir ese ALGO es lo que da sentido a tu vida.

Una vez que identifiques tu Misión,  define tu Visión, lo qué vas a hacer en el tiempo para lograr tu Misión de vida.

Ya hemos dicho que esta es una oportunidad de renovación. Revisa tu Proyecto de vida y modifica lo que creas necesario para llevar a cabo tu Misión. Si aún no tienes tu Proyecto POR ESCRITO, diséñalo HOY.

 

# YO ME QUEDO EN CASA (19)

Es un buen tipo mi viejo
Que anda solo y esperando
Tiene la tristeza larga
De tanto venir andando

 Yo lo miro de desde lejos
Pero somos tan distintos
Es que creció con el siglo
Con tranvía y vino tinto

 Viejo, mi querido viejo
Ahora ya caminas lento
Como perdonando el viento

Yo soy tu sangre, mi viejo
Soy tu silencio y tu tiempo

 Él tiene los ojos buenos
Y una figura pesada
La edad se le vino encima
Sin carnaval ni comparsa

Yo tengo los años nuevos
Mi padre los años viejos
El dolor lo lleva dentro
Y tiene historia sin tiempo

 Viejo, mi querido viejo
Ahora ya caminas lento
Como perdonando el viento

Yo soy tu sangre, mi viejo
Soy tu silencio y tu tiempo

«Mi viejo», o también llamada “Mi querido viejo,” es una canción cuya música es del canta-autor italo-argentino Piero, y la letra es de José Tcherkaski. A mí me gusta escucharla interpretada por el gran Alberto Cortés.

Empecé con esta canción porque vinieron a mi memoria esos viejos que están aislados y solos en tantos Asilos, Residencias de mayores, o como quieran llamarlas.

En muchas ocasiones, cuando ya no son indispensables o útiles para cuidar a los nietos, o cuando requieren cuidados constantes que los hijos no pueden darles porque ambos trabajan y están fuera todo el día, lo más conveniente es llevarlos a vivir a una de esas Residencias. Algunos se van por su propia voluntad, y otros a regañadientes si les aterra el sentirse separado de los suyos.

Al principio los familiares van cada ocho días a verlos, luego se van presentando cosas y cosas y, a veces terminan en una corta visita una vez al mes.

Y ahí tienes a esos ancianos desdentados, con su movilidad reducida a unos cuantos pasos, o a ir de la cama a una silla de ruedas, su pelo cano y ralo a medio peinar, rumiando su soledad día tras día.

Ahora, con el coronavirus, esas Residencias han sido un lugar de contagio y  muerte muy alto. No se les puede visitar mas que por medio del móvil o el ordenador, con lo que se incrementa el estrés de los que están fuera, y de los que están dentro, que ven desaparecer a sus compañeros de vivienda con una velocidad asombrosa. Hagamos una oración por ellos y por los que están dentro con ellos cuidándolos.

Esta situación puede servirnos para algo:

  • ¿Hay en tu familia algún viejo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que le llamaste y te interesaste por él o ella, que escuchaste sus historias y relatos, tal vez por enésima vez?
  • ¿Hay acaso algún rencor de por medio?
  • ¿Sientes alguna culpa y no has pedido perdón?
  • ¿Hace cuánto que no le dices que lo quieres y lo importante que es para tí?

Hoy están en tu vida y están vivos. Resuelve el rencor que puedas sentir, pide perdón si lo crees necesario, y perdónales todo lo que tú hayas sentido que te hizo daño en el pasado. Diles que los amas y que significan mucho para ti.

La canción de Mi Viejo me hizo llorar muchas veces porque mis padres crecieron con tranvía y vino tinto, y yo tardé muchos años en comprender su idiosincrasia, su manera de ser, de pensar, de actuar, en fin, que ellos eran consecuencia de su historia personal, y que todo lo que habían hecho era para cumplir las expectativas de esa historia.

Ahora me toca a mí, que crecí con tranvía y vino tinto también, ser raíz y fortaleza para mis hijos y nietos. Me toca dejar un legado de amor para ellos y para todos los seres humanos.

Recordemos con amor y gratitud a nuestros “viejos” si ya murieron y, si todavía viven, tejamos lazos de cariño y comprensión que serán los recuerdos del mañana.,

 

 

 

# YO ME QUEDO EN CASA (17)

CUENTO IMAGINARIO

Hace poco, en un parque cercano a casa, me acerqué a un viejito que les daba de comer a las palomas migas de pan que traía en una pequeña bolsa, y empecé a platicar con él. Me preguntó si tenía tiempo para escuchar un cuento, a lo que le contesté que todo el que él quisiera, y esto es lo que narró:

En un país imaginario, muy bello y pleno de mares, lagunas, ríos, montañas, valles, grandes sembradíos y poblados llenos de encanto, vivía un Rey muy peculiar que se llamaba a sí mismo “El esperado”.

Ese país, otrora comparado con el cuerno de la abundancia, había soportado ser gobernado por Reyes ineptos y/o corruptos que saquearon las arcas del Palacio. Hubo también algunos Reyes que amaban a su país y querían actuar en interés de todos, y que fueron saboteados por las corrientes malignas de los que ambicionaban el poder y las riquezas.  

Cuando llegó “El Esperado” el pueblo se llenó de esperanza porque les prometió que terminaría con la corrupción y la pobreza, y que ayudaría a todos. Empezó a hacer decretos para dar pensiones a los más viejos, a los estudiantes (estudiaran o no), a las madres solteras, en fin, cada día eran más y más los que recibían el “apoyo o limosna” del Rey.  

Sacó del calabozo a conocidos criminales y rateros, y los nombró parte de su séquito personal como colaboradores o asesores, mientras decía todos los días que iba a acabar con la corrupción.

Como quería pasar a la historia como un personaje inolvidable, empezó a construir obras monumentales, sin importar si eran necesarias o no, y si iban a afectar al medio ambiente, y abandonó las que habían iniciado los Reyes anteriores porque no quería que el reconocimiento fuera para ellos.

Todos los días, muy temprano, salía al balcón principal del Palacio y le hablaba a “su pueblo”, todos aquellos que se beneficiaban con el dinero que les estaba regalando, y acometía contra los corruptos, los emisarios del pasado, sus contrincantes (todo el que no pensara igual que él era su enemigo).

Cada día exigía más y más impuestos a sus súbditos, a los que sembraban las tierras, a los que tenían ganado, a los que comerciaban o vendían lo necesario para vestirse, alimentarse, ir a trabajar, tener un techo y poder salir adelante. A ellos les decía los “riquillos” y otras lindezas por el estilo.

De nada sirvió que los grandes señores del Reino, propietarios de fábricas de zapatos, ropa, alimentos, etc., hablaran con él en repetidas ocasiones, y le pidieran que cesase el derroche de lo que recaudaba el gobierno mediante los impuestos en limosnas, en lugar de crear fuentes de trabajo y personas responsables y autosuficientes.   

Como el dinero se acabó, y él no quería dejar de dar limosnas porque era la forma de tener adeptos, recurrió al Tesoro Real, un fondo de contingencia que Reyes anteriores habían ahorrado para que, si se presentaba una inundación, un terremoto, una desgracia muy grande, tuvieran dinero para medicamentos y ayudar a generar trabajo para todos.

La desgracia llegó en forma de una pandemia que asoló a todos los Reinos cercanos y distantes. Los otros Reyes implementaron medidas de emergencia: no gastar el dinero en obras inútiles o no necesarias de momento, dedicarlo a la atención médica de los súbditos, y a garantizar que hubiera alimentos e insumos para todos. También les pidieron al pueblo que se quedara en casa si no era necesario salir para impedir se siguiera propagando el contagio.

¿Qué hizo El Esperado? Decir que:

  • la enfermedad era un invento de sus enemigos para debilitarlo.
  • Él no se podía quedar en el Palacio porque entonces habría un vacío de poder y sus enemigos ocuparían su lugar.
  • No hicieran caso a los alarmistas, que siguieran saliendo a fiestas y reuniones, abrazando y besando a todo mundo.
  • Él seguiría con sus obras monumentales, no necesarias y si onerosas, pese a todo.
  • Que a Él no lo iba a atacar la enfermedad porque estaba protegido por sus “santitos”.
  • Seguiría viajando por todo el Reino porque no podía gobernar desde Palacio, y así lo hizo visitando lugares remotos para asistir a mítines y festejos, abrazar a niños y grandes. Por cierto, a los que se preocupaban de los contrabandistas que había en el Reino, les dijo que no era con balas como los iban a combatir sino con besos y abrazos, lo que Él hizo y fue hasta un recóndito pueblecito a visitar a la familia de uno de ellos.

 La insensatez y la incongruencia continuaron día tras día, mas Él no dejaba de salir cada mañana al balcón a echar la arenga acostumbrada.

 Llegó el momento en que peleó con los Señores del Reino y todo el que no pensara como él sería tratado como Traidor. No tenía dinero y ellos, sí. Por lo tanto decidió convertirse en un moderno Robin Hood, y quitar dinero a los ricos para dárselo a los pobres, quienes no trabajaban ni producían nada, nada más seguían con la mano estirada y su única obligación era echar vítores a su Rey.

El viejo interrumpió su relato y suspiró. Yo estaba ansiosa por conocer el desenlace y le pedí me dijera el final del cuento. Me miró con infinita tristeza en sus ojos y me contestó:

“Sucedió lo peor que se pueda imaginar. No solo acabó con el Reino y con la esperanza de una vida sana y productiva para sus súbditos, sino que era tanto el odio que había sembrado desde su balcón, día tras día, todas  las mañanas, que los pobres, que se habían acostumbrado a vivir de las limosnas,  agredieron a todos aquellos que tuvieran algo más que ellos, los robaron y despojaron de sus bienes.  Prevaleció el odio, el crimen, la corrupción, la violencia, el caos total”

 Durante mucho rato no pude decir palabra alguna. El viejito se levantó y se fue y yo me quedé ahí pensando si habría algo parecido a ese cuento en una realidad cercana a nosotros. ¡Qué Dios nos ilumine y podamos encontrar  el camino hacia la recuperación y la Esperanza!

# YO ME QUEDO EN CASA (16)

Cuando me invitaron a estudiar un Diplomado de Tanatología que impartiría la Universidad Iberoamericana, allá por el año de 1994, no lo pensé dos veces porque acababan de morir, en un lapso de tres meses, cinco familiares cercanos, y yo estuve hasta el final con algunos de ellos. Además recordé que estuve con mi hermano cuando murió, así como con mi mamá. Sentí que Dios me había dado el privilegio de acompañar a las personas en el tránsito hacia la muerte porque ello no me daba miedo, y que era el momento de adquirir conocimientos para poder contar con más recursos mentales, emocionales, espirituales y tanatológicos.

He practicado durante 26 años lo que aprendí en la universidad y a través de  las experiencias vividas, mas nunca me imaginé que vería una pandemia como la del coronavirus en la que el número de muertos rebasa lo que podemos procesar mental y emocionalmente cada día.

Hoy quiero hermanarme con todos aquellos que han visto morir por este virus, sin poder hacer nada, sumidos en la impotencia, a alguno de sus seres queridos. En muchos casos, no pudieron siquiera estar con ellos en sus últimos momentos, ni enterrarlos (cremarlos) acompañados de todos los que los quisieron en vida.  Escuché hoy en las noticias que en España están acondicionando las pistas de hielo para colocar ahí los féretros, mientras se presentan las funerarias para conducirlos a su destino final. Una escena escalofriante por la fría y desgarradora lejanía de los que no pueden estar con sus seres queridos.

Me uno a los que han perdido a sus “viejitos” aislados en una residencia para mayores, sin poderles dar el calor de sus abrazos y compañía en esta última etapa, y con los que no pueden visitarlos ni abrazar a los que aún viven ahí ante una experiencia tan aterradora para ellos: ver como sus coetáneos caen fulminados, uno tras otro, ante la ametralladora del dichoso coronavirus.

Estoy con los padres que han perdido un hijo, un ser que empezaba su camino con muchas expectativas, propias o familiares.

Les mando un abrazo a quienes este virus les arrebató un amigo, un vecino, un compañero, un colega, con quien compartían vivencias, ilusiones y emociones.

Hago un ejercicio de manejo de energía para canalizarla a todos aquellos héroes silenciosos que, con una entrega y abnegación sin límites, ponen su vida en riesgo todos los días para combatir los estragos de la pandemia. Ahí están desde los médicos, enfermeras, laboratoristas, auxiliares, hasta el personal de intendencia sin el cual ningún centro hospitalario podría funcionar. De igual manera, la envío a trabajadores de toda la cadena de producción necesaria para que todos tengamos alimentos, víveres, gasolina, fármacos, en fin, todo lo necesario para la sobrevivencia.

Les propongo que todos nos unamos, no solo para darles un aplauso a las 8 de la noche como gesto de gratitud, sino que poco antes les mandemos energía. No teman, mientras más damos, más recibimos, siempre y cuando estemos conectados con una fuente Mayor: tu Dios (con cualquier apelativo que quieras llamarlo), o la energía Universal, Cósmica,

El poder de la Oración está comprobado científicamente. Orar no es rezar. Rezar es repetir una serie de frases establecidas, tal vez desde hace siglos. ORAR ES HABLAR CON DIOS.

Vamos a tomar unos minutos antes de las 8 para unirnos a nuestra fuente de Poder Interno y unirnos espiritualmente con todos los que sufren, en forma directa o indirecta, las consecuencias del coronavirus y con todos los que los están apoyando en su lucha. La Energía trasciende distancias y obstáculos y, si millones de nosotros podemos unirnos para canalizarla, estaremos poniendo nuestro granito de arena también.

 

 

 

# YO ME QUEDO EN CASA (14)

Una querida amiga me mandó un video de una pareja en España que sale al balcón de su casa y pone de acuerdo a los vecinos, también asomados a ventanas o balcones,  para cantar el chotis Madrid y les pide que canten el estribillo que es la parte más conocida de esa pieza.

Me llama la atención que al finalizar esta señora la canción agradece los aplausos y aclamaciones de sus vecinos, en unión con un señor vestido formalmente, como si se tratara de un concierto. Ella tiene una voz operística armoniosa y vibrante. Es su forma de colaborar a elevar el ánimo de la comunidad.   Se oyen voces cantando un poco desafinadas, pero eso sí, llenas de emotividad. Las calles vacías, los faroles prendidos, unos minutos de unión en aras de dar algo de sí mismos a los demás. Esto se ha repetido en Italia y en España muchas veces. Otros artistas lo hacen a través de las redes sociales, como el concierto que organizó Elton John.

Regreso al chotis Madrid y me viene a la memoria su compositor: el mexicano y jarocho Agustín Lara, y una palabra que nos conviene tener en mente: TRASCENDER. Agustín Lara ha trascendido en el tiempo y la distancia, por ejemplo, hace 40 años me llenó de emoción asistir a un concierto de música en una Terraza de Roma, donde un tenor cantó Granada, otra de sus grandes obras. Hoy en día, en los conciertos de André Rieu alrededor del mundo, las canciones de Lara forman parte de su repertorio.

El gran mérito de Agustín Lara respecto a las canciones que compuso para España, es que nunca había ido a ese país.  Las más conocidas son Madrid, Granada, Valencia y Murcia, que yo recuerde de momento.

Lara no necesito viajar más que con su imaginación para crear la letra y música inolvidable sobre esas bellas ciudades española. Las casualidades no existen, se dan por algo: nosotros ahora no podemos salir ni viajar, y si podemos hacer visitas virtuales a otros países, a lugares recónditos e increíbles de todos los rincones del mundo. Podemos recrear nuestros sentidos, a través de la tecnología, en viajes interesantes y enriquecedores.  Es probable que Lara solo tuviera postales de España y la conversación vital con muchos amigos y conocidos que le hablaron de ese país.

Vamos a salir con nuestra imaginación y el apoyo virtual a recorrer el mundo, así ya no estaremos más encerrados. Con suerte, si no lo hemos hecho aún, podremos encontrar el camino para trascender también, y para dar algo a los demás.

El vínculo con Agustín Lara fue muy importante para mi esposo, porque el día de su examen profesional, después de la reunión en su casa, se fue con unos amigos al CAPRI, donde se presentaba Lara, a quien le cayeron en gracias esos chicos jóvenes y bulliciosos y los invitó a su departamento después de terminar su participación en el show. Ahí cantaron “juntos” canciones hasta la madrugada.

Pasaron los años y yo tuve el privilegio de conocer y tratar a un gran hombre culto y distinguido, el inolvidable Antonio Ibañez, al que le decían el Chacho Ibañez, quien tenía un negocio de joyería no abierto a la calle en un edificio de la calle Madero, en el centro de la ciudad de México.

El Chacho Ibañez fue mecenas de muchos músicos y artistas, a los que apoyó, no solo económicamente cuando hizo falta, sino en todos los sentidos para que encontraran su bienestar físico, emocional y mental  Uno de esos músicos fue Agustín Lara quien, en sus últimos años, estuvo débil, enfermo y solo.  El Chacho tenía una pequeña casa de una sola planta en una zona muy arbolada sobre el camino al Desierto de los Leones, donde hacía comidas eventualmente para sus amigos, a la que llamó La Malcontenta, y a la que  logró convencer a Agustín Lara se fuera a vivir para recuperarse cuando se encontraba muy delicado. Ahí estuvo unos meses, en compañía de su piano y cero visitas.

Cuando muere Agustín Lara, el Chacho Ibañez, en memoria de su amigo, conservó esa casa tal y como la vivió Lara, casi como un museo en su honor, el cual pude conocer y disfrutar durante una histórica velada a la que acudieron muchas personas cercanas al gran músico. No recuerdo a todos los invitados, permanecen en mi memoria: Amparo Montes, el Vate López Méndez, el Ing Mendez Docurro, y el pianista Alvarito. Excuso decir que los legos éramos mi marido y yo.

Con estas anécdotas quiero recordar y compartir la generosidad de muchas personas que los llevó a la trascendencia: dar siempre que podamos algo a los demás. Podemos salir de nuestro “encierro” y elevar nuestro sistema inmunológico a través del bienestar que genera el gozo y el placer de visitar, conocer o recordar lugares hermosos.