FAVORECER EL ÉXITO DE LOS HIJOS

 

Por circunstancias de la vida, hace poco conviví con un grupo de jóvenes mujeres, cuyo tránsito a través de la infancia y adolescencia he presenciado, o del que he tenido referencia certera y constante.

Vamos a estudiar a cinco de ellas, para ver si se confirma la premisa de  “Infancia es destino”, y algunas otras variables que pueden contribuir a que hayan tenido éxito o no, hasta ahora.

Dos de ellas nacieron y crecieron en familias de clase media alta que les dieron la oportunidad de asistir a magníficas escuelas privadas donde aprendieron dos idiomas extras, pudieron disfrutar de holganza económica, vacaciones en el extranjero, viajes nacionales e internacionales frecuentes, asistir a un club social y deportivo de lujo, recibir clases extras de diversas actividades que les gustaban. También vivieron una experiencia muy dolorosa, la pérdida del padre cuando tenían 14 años. Las madres trabajaron y mantuvieron el estatus económico y social.

La tercera tuvo las mismas oportunidades que las anteriores hasta los quince años, cuando murió su madre y el padre quedó desempleado, lo que los obligó a modificar su estándar de vida. Cursó su carrera profesional en una universidad pública, en la que estudió idiomas también.

Las tres son mujeres sanas, bien parecidas, elegantes, educadas, cultas, que  empezaron a trabajar desde segundo año de su carrera (distintas orientaciones), ganando muy poco dinero y aprendiendo mucho en la práctica. Todas ocupan un puesto de Dirección en la actualidad y ganan  honorarios muy elevados.

La que estudió en la universidad pública fue la primera en titularse y en obtener un empleo mejor remunerado que las otras dos, y que muchos de sus compañeros de la preparatoria particular a la que asistió. También fue enviada por su empresa a laborar en el extranjero con gran éxito.

Estas jóvenes tuvieron una “plataforma de despegue” privilegiada que les permitió salir al mundo sin temores sociales, con una cultura adquirida de los padres y reforzada por los viajes y la lectura. Cursaron una carrera profesional sólida, ya fuera en instituciones privadas o en una pública, y hablan inglés y francés con fluidez, además del español. Todas tuvieron el ejemplo de padre y madre que trabajaban sin descuidar a su familia, y que se superaban cada día.  Las tres perdieron a un progenitor durante la adolescencia.

Veamos ahora a las otras dos jóvenes mujeres que provienen de la clase social media baja, lo que significa que vivían en departamentos reducidos, en colonias ubicadas en los suburbios y que, aunque nunca faltó nada esencial, tampoco sobraba para lujos, viajes, diversiones, “extras”.

En ambas familia, la madre no trabajaba fuera de casa porque “no tenía necesidad, para eso tenía un marido que la mantuviera, su obligación era atender la casa y cuidar a los hijos”. Ellas habían estudiado hasta la secundaria y leían sólo revistas de chismes de los artistas, veían telenovelas, y nunca salían solas, o con amigas, a divertirse.

Los padres, hombres trabajadores, cumplidos, esforzados, que no estudiaron una carrera profesional, tenían un puesto discreto, con cuatro o cinco personas a su cargo, estaban todo el día fuera del hogar y, en muchas ocasiones, se iban con sus amigos o compañeros de trabajo a practicar algún deporte, o a jugar dominó y a tomarse unas copas con ellos.

En vacaciones iban a visitar a los abuelos a un pequeño pueblo de provincia. Cuando ya los hijos salieron de la adolescencia, viajaron a la playa con ellos. Las dos fueron a escuelas particulares durante la primaria, y a públicas después. Nadie estudió idiomas, o tomó clases extras. El nivel cultural de las dos familias era bajo, no se practicaba la lectura, ni se interesaron por alguna actividad artística.

Una de las hijas no trabajó hasta que terminó la carrera, cuando el papá la ayudó a entrar a trabajar como vendedora en la empresa en que él laboraba, actividad en la que no podía poner en práctica nada de lo que había estudiado. La otra dijo que no quería trabajar (ella no tenía necesidad para eso tenía un papá que la mantuviera), y que prefería estudiar una segunda carrera. Tiene 30 años y no sabe conducir un auto. Papá la lleva todos los días a la escuela. Éste se divorció de la mamá cuando la hija terminó su carrera, y los hijos menores,  hombres, se quedaron con la mamá, mientras la hija se fue con el papá para “hacerle casa”.

Vemos que la “plataforma social y económica de despegue” de ambas jóvenes fue más baja que en los tres primeros casos, que el rol de sus madres en el hogar era estar supeditadas, dependientes del hombre, que no había un interés por cultivarse, aprender, sobresalir, elevar su nivel cultural. La chica que empezó a trabajar como vendedora después de terminar su carrera, pudo irse a trabajar, tiempo después, a otra empresa lejos del padre, y así iniciar su desarrollo profesional, empezó a viajar, a tomar cursos, a interesarse por superarse, lo que va logrando poco a poco. La estudiante que juega el rol de esposa de su padre, sigue tranquila en su codependencia.

Quiero comentar que me consta que hombres y mujeres provenientes de familias en la que las madres no trabajaban fuera del hogar, (lo cual era lo más común hace un tiempo), de clase media, que estudiaron en escuelas públicas desde la secundaria, cuyos padres leían y promovían la lectura en los hijos, quienes no sólo terminaron su carrera, sino que cursaron maestrías y ocupan hoy día puestos directivos.

Hay casos de madres solteras, que han cubierto estudios particulares a sus hijos, quienes lograron becas a través de sus calificaciones, trabajando como secretarias, vendedoras, empleadas administrativas, que propiciaron que sus hijos se aficionaran a la lectura y ampliaran su bagage cultural, viajaran y se relacionaran sin miedo con personas de estatus superiores al suyo.

Les dejo la tarea de observar a su alrededor y sacar pistas de los casos de jóvenes exitosos que estén a su alrededor. Hay una lección en cada uno de ellos.

Recuerden que el modelaje es la clave del éxito de los hijos. Se educa con el ejemplo, no con palabras.

“Nadie puede dar lo que no tiene”

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