“HOMBRES MALOS”

Hace ya mucho tiempo vi en la televisión una película sobre la vida de Hitler desde que era un niño, hijo ilegítimo durante muchos años hasta que su padre lo reconoció, su aislamiento, sus conflictos con el aprendizaje escolar, el deseo de ser pintor y su fracaso en esa actividad, su paso por el ejército.

Todo ello devino en su necesidad de pertenencia, de aceptación, de ser “alguien” a quien los demás admirasen, por ejemplo el hecho de aprovechar el significado del nombre Adolf  (“lobo noble”  por las raíces: Audel = nobleza + Wolf = lobo), para usar el apodo Wolf o Herr Wolf.

En el film se ve cómo se inventa una personalidad, busca rasgos característicos que faciliten que su imagen perdure en la memoria colectiva, encuentra el símbolo de la suástica en los libros de religiones que tenían más de seis mil años de antigüedad, y la hace propia como emblema de su ideología.

Me llamó la atención que, en un principio, utilizó el temor hacía los comunistas como factor aglutinante de su partido para así crear la cohesión que le diera fuerza a sus ideas.  Más adelante incorporó a los judíos como enemigos, como una amenaza total a su raza, su patrimonio, sus ideas, la seguridad de la nación.

Generar el rechazo hacia otra raza, creencias, nacionalidad, origen, se convirtió en una tarea que se iniciaba en el Kinder y se reforzaba en los niños y jóvenes. Había que acabar con los “malos”, echarlos del país en un principio, aniquilarlos después.

Todos sabemos el resultado de la mente enferma de Hitler: millones de muertes, familias destruidas, el caos y la violencia de la guerra para apoderarse del mundo y hacer grande a su nación y a su raza.

A mí me llama la atención cómo logró que lo que yacía en lo más profundo del pueblo alemán cobrara vida en él y sus discursos flamígeros y provocadores. El nazismo fue una ideología muy potente y peligrosa, la cual creíamos había terminado después de la segunda guerra mundial.

Ahora existe el Neo-nazismo que crece a pasos agigantados y una de sus premisas es que: “Todos los que no son de nuestra raza, nuestras creencias, nuestra  nacionalidad, son “hombres malos”, amenazan a nuestras mujeres e hijas, roban y matan, nos roban nuestros empleos”. Hay que echarlos de nuestra nación, defender nuestro país, acabar con ellos sin misericordia.

Además de revisar nuestras acciones para ver si no estamos cayendo en sus redes, vamos a hacer una oración por los que así piensan: “Que la paz entre a sus corazones y la luz a sus mentes”

 

 

 

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