¿ DIMINUTIVOS ?

Ignoro si el utilizar diminutivos al hablar es un fenómeno repetido en forma internacional, o si es más común encontrarlos en los países latinos, y quiero compartir mi punto de vista al respecto.

En México encontramos que un “hombrón” con un bigote enorme, que pesa 100 kilos, es llamado por su mamita: “Enriquito, Pedrito, Jaimito”. a pesar de tener 40 o 50 años, e igual sucede con mujeres corpulentas, ya mayores, a quienes les dicen: “Carmelita, Luisita”.

También encontramos con frecuencia que a algunas mujeres, sin importar edad, origen, estatus social, formación académica, etc., les dicen: la “Nena González”, la “Beba Ramírez”, o simplemente: “La Beba, La Nena, La Chiquis”.

También tenemos los apodos de todo tipo que pueden sustituir al nombre toda una vida. ¿Para encubrir el nombre que elegimos?

Otra modalidad es modificar (encoger) el nombre: Armando = Nando, Josefina = Pepa, Antonio = Toño, Enriqueta = Queta. ¿Finalidad? ¿Olvidar el nombre y por qué lo escogimos?

Cuando a un niño le decimos su nombre en diminutivo, lo estamos “encogiendo”, o dicho en otra forma, le estamos mandando que no crezca, que se quede “chiquito”, detrás de lo cual puede haber muchas razones psicológicas, a cual más no muy sanas.

En ocasiones, cuando el niño lleva el mismo nombre que el padre/madre, decimos que es para marcar la diferencia, lo que significa que el niño(a), es un clon de sus progenitores, no un ser único, irrepetible, independiente, autónomo, con una mente, emociones y espíritu propio.

Así que tomemos conciencia. En el nombre ya estamos enviando al hijo un mensaje muy fuerte, por lo que vale la pena elegirlo con cuidado. Por ello,  si ya elegimos uno, usémoslo completo, sin diminutivos.

Además de eso, aquí se estila mucho decirle al niño: ¿Quieres más lechita?, o preguntar al marido: ¿Te reparo unos huevitos rancheros? ¿Por qué los diminutivos?  En muchas ocasiones, además de tener un origen cultural o familiar, se usan para encubrir una agresividad inconsciente. Por aquello de las dudas, vale la pena preguntar: ¿Quieres más leche? ¿Te sirvo más sopa?

Revisemos si estamos utilizando diminutivos y las razones para ello. Si no las encontramos, vamos a llamar a cada quien por su nombre (sin importar cuánto amor le tengamos), y vamos a emplear los sustantivos completos.

 

 

 

 

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