REFUGIADOS DE GUERRA O DEL HAMBRE

Hemos sido testigos, durante mucho tiempo, del éxodo de familias enteras hacia otros países en busca del pan que les permita subsistir, o que huyen de una guerra agobiante.

Una fotografía de una playa donde yace un niño ahogado (se había desprendido de la mano del padre), ha conmovido a todos, bueno, a casi todo mundo.

Las personas nativas del país que recibe a los refugiados viven una ambivalencia muy fuerte: por un lado, la compasión y, por el otro, el temor a que los desplacen, a que el recién llegado trabaje por menos dinero y mejor, a que tenga un credo y costumbres extrañas.

No puedo evitar acordarme de la historia de mis padres cuando llegaron a México como refugiados de la guerra civil española. Había un café llamado “Tupinamba” donde se reunían los españoles a tomar café, leer el periódico, conversar. Ahí fue mi papá a buscar a sus paisanos y le dieron un empleo, muy inferior a su capacidad y experiencia, que tomó encantado porque con eso podría mantener a su familia. A los tres días, el encargado notó que lo que los demás hacían en 8 horas, él lo hacía en tan sólo tres y con mejor calidad. Por supuesto lo promovió.

Poco después, al llegar a Puebla y querer alquilar una casa donde vivir, le pidieron un aval para rentar una vivienda, y un señor que no lo conocía, Don Máximo Fernández, le dio su firma ante el propietario, y también lo llevó a un almacén para que comprara, a crédito, algunos muebles indispensables. En un año, mi papá había logrado pagar todo y ser solvente económicamente, a través de su desempeño laboral. Él no le quitó el trabajo a nadie, simplemente utilizó su creatividad, esfuerzo y dedicación, para cubrir una necesidad del mercado.

En forma constante veo letreros afuera de restaurantes que solicitan personal para lavar vajilla, garroteros, meseros, ayudantes de cocina, etc. También en tiendas de autoservicio hay vacantes siempre. Eso quiere decir que necesidad de personas capacitadas hay, faltan quienes quieran empezar desde abajo (como hizo mi papá). También hay mucha necesidad de personal capacitado para asistir a las amas de casa que trabajan, o a hombres solteros que viven solos. . En España, fui testigo de cómo una señora de origen rumano cobraba el equivalente del sueldo de un gerente de banco en México, por ir a limpiar durante 5 horas, tres casas de lunes a sábado.  El sueldo iba de acuerdo a su desempeño, puntualidad, seriedad, honradez, responsabilidad, y era muy superior al salario mínimo oficial.

Vamos a ayudar, en la forma en que podamos, a nuestros hermanos en desgracia. Evitemos que niños se escondan en maletas para salir de su país y tengan que buscar sobrevivir en otro lado, o que adolescentes cargando bebés vivan la incertidumbre del mañana.

México ha demostrado siempre una solidaridad social que funciona de maravilla por sí sola (temblor del 85). Seamos generosos, compartamos lo poco o mucho que tenemos, ya sea material, o nuestros conocimientos, adiestramiento, experiencia, para ayudar a quien lo necesite.

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