El apego al nido

En ocasiones encontramos a personas que se aferran a lo que consideran su nido, y no quieren alejarse de él, o dejarlo atrás, a pesar de lo difícil que pueda ser el permanecer ahí.

Por ejemplo; unas hermanas de 75 y 70 años, viudas, vivían en una casa confortable y soleada en una colonia de la clase media. No tenían más ingreso que una reducida pensión de una de ellas, por lo que pasaban estrecheces, inclusive para alimentarse. No salían a pasear nunca y la familia política, la única que tenían, no las visitaba ni se ocupaba de ellas.
Su vida transcurría en una rutina de sobrevivencia carente de estímulos afectivos o distracciones.

Pasó el tiempo y una caída de la mayor precipitó el final. En el hospital público al que la familia política la llevó, reportaron desnutrición y un cuerpo lleno de escaras. Murió a los tres días. A la otra hermana, esos mismos familiares la llevaron el mismo día del accidente a un asilo de monjitas para que la atendieran. Murió a los 5 días.

Desde que la internaron en el asilo comenzó la rapiña. “Por seguridad” se llevaron todas sus joyas y objetos de valor de la casa, aunque aún estaba viva una de ellas. Vendieron la casa mediante acuerdos económicos para brincarse el intestado, y se repartieron el dinero.

Las hermanas podían haber vendido la casa y, con los siete millones que obtuvieron los buitres de sus parientes políticos por ella, haber vivido como reinas en una residencia para personas mayores, donde habrían estado bien alimentadas, en compañía de otras personas como ellas con quienes jugar cartas, platicar de su pasado o salir a pasear con las cuidadoras. El apego a “su nido” las llevó a una vida aislada y llena de carencias.

Hay otro caso. Una señora de 80 años que posee una casa amplia, bonita, soleada, en una colonia de la clase media también. Ella trabajó desde joven y se quedó sola con tres hijos pequeños a los que mantuvo y facilitó que estudiaran una carrera universitaria. Los tres se casaron y ella quedó sola en la casa. En la actualidad, no tiene pensión ni más ingreso que el que obtiene vendiendo productos de belleza entre las vecinas.

No pasea, no va al cine, no viaja, porque no tiene dinero. Los hijos le dan lo necesario para que se alimente nada más. Su casa vale varios millones. Ella puede venderla y planear el resto de su vida, que pueden ser 10 o 15 años, para no pasar escasez en ningún sentido y, sin embargo no lo hace. Se aferra a su casa y a su no vivir plenamente.

Podría venderla e irse a vivir a una residencia para personas mayores, a la casa de su hija que se lo ha ofrecido desde hace mucho tiempo, a un mini-departamento ubicado cerca de sus hijos, en fin, resolver dónde va a terminar sus días acompañada, cuidada, bien alimentada, divertida y estimulada. Podría viajar, distraerse, consentirse.

¿Qué la detiene?

• ¿El miedo a quedarse sin dinero? Ella está lúcida y es muy organizada y buena administradora.

• ¿El miedo a no adaptarse en otro lugar? El hogar lo hace uno, no unas paredes, muebles u objetos de adorno y, si no le gusta una solución, puede probar otra.

• ¿El miedo a la soledad? La soledad es una decisión personal. Se puede estar solo en el Estadio Azteca entre 105 mil personas. Cuando se tiene una vida interna intensa, cuando uno está en contacto íntimo con su Poder Superior, no va a sentirse solo jamás.

• ¿El miedo a la codicia de los hijos y que le empiecen a pedir préstamos y se le acabe el dinero? El testamento está a nombre de los tres. Si los percibe como buitres esperando la presa, pone en duda toda la formación que les dio y los valores que sembró en ellos.

Opciones:

• Puede manejar sus finanzas y vivir a plenitud lo que le resta de vida y no heredar nada a los hijos.

• Aferrarse al pasado, atrapado en muebles y objetos, es una manera de no avanzar hacia el futuro. El pasado ya no está. Ya se fue, Ya no existe. Puede dejarlo ir y vivir el presente, concentrada en disfrutar el momento en compañía de sus hijos y nietos, de amigos y conocidos.

En lugar de pasar el tiempo rememorando eventos del pasado, puede CREAR NUEVOS EVENTOS GRATOS que llenen su vida de amor y placer.

Vale la pena revisar cómo estamos manejando nuestros apegos: ¿Vivimos en el pasado? ¿Disfrutamos el presente al trabajar, crear, ser productivos, al dar y recibir amor? ¿Le damos mucha importancia al tener, al poseer y menos al ser?

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