Diciembre 18 del 2014

Renovación 353

En ocasiones es muy importante esperar el momento conveniente para que las cosas salgan como esperamos.

Por ahí dicen que “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. Así es, podemos querernos anticipar a los hechos y hacer todo de “corridito”, sin esperar a que cada acción tenga su efecto y lo asimilemos nosotros, y también los que nos rodean.

Estamos inmersos en una dinámica energética y todo lo que hacemos, pensamos, sentimos, impacta a los demás y modifica nuestras relaciones y afecta el estado de ánimo de todos.

Poder distinguir el momento oportuno es un acierto, y podemos entrenarnos para ello.

¿Hemos establecido un ritmo razonable para lograr nuestras metas? ¡Sigámoslo!

Querer correr desenfrenadamente un día, para no hacer nada al día siguiente porque estamos agotados, no es conveniente para nadie. Los que conviven con nosotros se desconciertan porque no saben de qué humor nos vamos a levantar y si vamos a querer arreglar el mundo en un día, o a posponer todo para cuando nos venga en gana. También dicen por ahí que “más vale paso que dure y no trote que canse”.

Distribuyamos las tareas en el tiempo de forma razonable y equilibrada, en el entendido de que puede presentarse algún imprevisto que nos pida flexibilidad y creatividad para resolverlo.

Cada quien tiene un ritmo para crecer, para aprender, para madurar. Respetemos el nuestro y el de los demás.

Caminemos hacia nuestras metas con paso firme y constante.

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