Noviembre 19 del 2014

Renovación 324

Cuando estamos tristes no es conveniente tomar decisiones que afecten nuestra vida en forma importante.
La tristeza es una emoción displacentera auténtica que surge ante una pérdida, ya sea la muerte de un ser querido, la ruptura con una pareja o familia, o una pérdida importante en el ámbito patrimonial, económico, de estatus, de trabajo, etc.

Como toda emoción es corta, intensa y nos sacude con fuerza.

La canalización más frecuente es el llanto. Por ello, lloremos cuando alguien cercano se muere o cuando experimentamos una pérdida importante. No podemos llorar horas seguidas. Lo hacemos en oleadas, “in crescendo” en ocasiones, sobre todo al principio de la pérdida. Si nos estacionamos ahí, y sólo lloramos y lloramos, es porque no estamos elaborando el duelo en forma asertiva.

¿Hay círculos emocionales donde no pudimos llorar y están abiertos? Vamos a llorar lo que sea necesario y a cerrarlos.

Tomar decisiones importantes requiere una mente clara, objetiva, analítica, que mida y sopese todos los pros y los contras resultantes de la opción que elijamos, que valore las probabilidades de que podamos triunfar en nuestro objetivo, que tome en cuenta nuestras necesidades emocionales, físicas, espirituales, sociales, económicas.

Si estamos inmersos en el dolor, es muy factible que nuestra capacidad de ser objetivos esté disminuida.

Una cosa a la vez.

Si no es algo vital sobre lo que vamos a tomar decisiones, encontremos un mejor momento para ello.

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2 pensamientos en “Noviembre 19 del 2014

    • Hola.
      Gracias por escribir y por tus palabras. No creo ser sabia, cada día me doy cuenta que es más lo que no sé, que lo que he aprendido, y lamento el tiempo perdido en tonterías, que no el aprovechado en disfrutar que es una forma de aprender también.

      He encontrado sabios en mi camino que apenas sabían leer y escribir, y que tenían una inteligencia natural enorme, una filosofía de vida en la que predominaba la espiritualidad aunque no practicasen ninguna religión, que irradiaban humildad, sencillez y la capacidad de SER no supeditada al hacer o al tener. De ellos he aprendido mucho y sigo en ello al recordarlos con gratitud.

      Te mando un abrazo con toda mi gratitud. María.

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