Octubre 13 del 2014

Renovación 287

Nos cuesta trabajo aceptar la premisa de que todo ocurre para una determinada razón, aun cuando diversas corrientes la mencionan en una forma u otra.

Acabo de re-encontrarla en el libro sobre Programación Neurolingüística, “Poder sin límites”, de Anthony Robins, Editorial Diana, y dice textualmente:

“TODO SUCEDE POR SU RAZÓN, Y TODO PUEDE SERVIRNOS”

Aceptar esto cuando hemos perdido a un ser querido, la salud, el empleo, nuestro patrimonio, cuesta trabajo. Por lo general decimos: ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora?

Algunas teorías hablan de un orden universal que rebasa nuestro conocimiento; otras, del destino, de Dios, en fin, buscan explicaciones para algo que es incomprensible, de momento, para nosotros en nuestras circunstancias.

Cuando estamos en crisis, perder una mínima partícula de energía en buscar el por qué, en lugar de encontrar la salida de la situación adversa es negativo e inútil.

Lo que conviene es utilizar la experiencia dolorosa y preguntarnos ¿PARA QUÉ? ¿Para qué sucedió esto? ¿Cuál es el aprendizaje que está implícito en este evento? ¿Qué lección conviene extraer del dolor de la pérdida?

Por ejemplo, muchas personas que han perdido la vista, algún miembro del cuerpo, o que han quedado paralíticas, nos dicen que son mejores personas ahora que antes del accidente o la enfermedad que los llevó a sufrir el trauma.

De lo que se trata es de darle SENTIDO a la experiencia adversa o dolorosa. Puede servirnos para algo.

Encontrar el para qué es vital para poder seguir en el camino.

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