Septiembre 13 del 2014

Renovación 257

Podemos protegernos a nosotros mismos cuando sea necesario, por ejemplo, si tenemos en nuestro interior a un Niño herido (o Niña herida), podemos sanarlos y recuperar la alegría y el bienestar.

Es importante detectar cuando se hizo la herida. ¿Estuvo amenazada nuestra vida? ¿Nuestra salud? ¿Nuestra seguridad emocional? ¿Fue una experiencia aterradora o leve? ¿Ha limitado nuestro desempeño o aparece ocasionalmente? ¿Nos impide ser felices?

Un niño al que le hacen “bulling”, es decir, lo acosan, golpean, insultan, amenazan, puede sobrevivir la experiencia haciendo cualquiera de las dos cosas posibles en esa situación: huir o pelear.

Si tomó la decisión de huir, puede generar un patrón que lo lleve a alejarse ante lo que él viva como una amenaza, sea real o no.

Si optó por pelear, se preparó para ello y enfrentó a sus agresores, tendrá la seguridad de poder salir adelante cuando se vea agredido. En caso de que ese niño no haya cerrado el ciclo emocional del miedo, la herida sigue abierta y pueden presentarse situaciones en las que aflore.

Un ejercicio que podemos hacer es imaginarnos que abrazamos a ese niño y le decimos que cuenta con nosotros, escuchamos sus temores ante las agresiones que recibió, lo mimamos y le damos la seguridad de que estamos con él para protegerlo de lo que le asuste.

Nota: El proceso forma parte de la auto-reparentalización y pueden leer sobre él en el libro de Muriel James “Libre”, de la editorial Fondo Educativo Interamericano.

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