Agosto 21 del 2014

Renovación 234

Durante años hemos controlado, o intentado controlar, todo: a los demás, lo que iba a suceder, lo que sentíamos, lo que deseábamos.

Vamos ahora a dejar que las cosas sucedan como van a suceder. Eso no quiere decir omitir nuestra parte en el diario devenir. Vamos a hacer lo que corresponde a cada momento y circunstancia presente, y vamos a hacerlo con amor y diligencia, sin obsesionarnos con la idea de que todo se tiene que hacer “a nuestra manera”, como nosotros queremos y esperamos, y en el tiempo y forma que determinamos.

Vamos a dejar de controlar a las personas. Todos los que nos rodean son seres humanos libres, independientes, autónomos. Aceptemoslos como son, con sus carencias y limitaciones sin quererlos cambiar, sin imponer nuestros deseos y creencias, sin luchar por controlar lo que hacen, piensan, sienten.

Esto es particularmente difícil con nuestros seres queridos cuando hemos estado en una relación de codependencia durante años.

Empecemos por respetarlos y darles su espacio.

Aceptemos que cada uno tiene un ritmo para crecer y madurar, y que es necesario respetar su tiempo para modificar hábitos tóxicos.

Vamos a darles todo el amor del mundo, envuelto en un papel de regalo lleno de estrellas en las cuales hay una palabra escrita en cada una: paciencia, tolerancia, comprensión, empatía, solidaridad, ternura, respeto, cariño, reconocimiento, escuchar, aceptación, confianza, seguridad, generosidad, constancia, perseverancia, etcétera. Y vamos a empezar por darnos todo ese amor a nosotros mismos.

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