Agosto 8 del 2014

Renovación 221

Cuando hemos sufrido una pérdida, el recurso natural para canalizar nuestro dolor y tristeza, son las lágrimas.

Vamos a llorar todo lo que necesitemos, una y otra vez, hasta que el manantial se agote.

Vamos a darnos permiso de ser vulnerables, de mostrarnos afectadas y adoloridas, sin que ello signifique ser débiles.

Vamos a llorar con alguien que nos comprenda y nos apoye, que nos permita desahogarnos sin cortapisas, una persona con la que nos sintamos seguros y protegidos.

Poco a poco irán entrando las razones, los argumentos, que le dan sentido a lo que pasó, y nos permiten encontrar puertas de salida.

Si se presentan otras emociones, conviene manejarlas para no guardar rencores, miedos, dudas.

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