Julio 2 del 2014

Renovación 184

En algunas ocasiones nos cuesta trabajo recibir.

Dar no implica que hagamos un esfuerzo. Estamos acostumbrados a ello. Por una u otra razón, damos nuestro tiempo, atención, cariño, dinero, consejo, ayuda, apoyo, pertenencias, etcétera a los demás, o a algunas cuantas personas que elegimos según nuestros apegos, o nuestra necesidad de control y manipulación.

Recibir requiere una cierta dosis de humildad. Es aceptar, por un instante, que el otro tiene algo de lo que nosotros carecemos. Si ello nos genera conflicto porque nos hace sentirnos vulnerables, conviene profundizar un poco en el asunto.

Vivimos en una sociedad en la que existen intereses comunes, metas compartidas, en la que se crean lazos de amistad, redes de apoyo emocional, moral, intelectual, científico, social, económico, basadas en un intercambio, en un dar y recibir constante.

También podemos rechazar lo que nos dan porque nos sentimos indignos de recibirlo. Si ese es el caso, vamos a revalorarnos, a elevar nuestra autoestima.

Podemos recibir y agradecer todo lo positivo que la vida, y los demás, nos den.

Cuando nuestra necesidad de recibir esté resuelta, podemos ser conductores de las bendiciones o ayuda que recibimos y canalizarla a los demás.

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