Junio 26 del 2014

Renovación 178

Es positivo y podemos tener relaciones cercanas con las personas.

También podemos hacer muchas codas para no tener cercanía e intimidad con personas queridas.

En ocasiones, cuando empezamos a sentir afinidad por alguien, no le encontramos defectos, todo es maravilloso respecto a ellos, cero carencias, errores, equivocaciones. Al pasar el tiempo, les vemos, no unos cuantos, si no muchos defectos y enormes.

Por más que “busquemos” cosas positivas en ellos, sólo encontramos su lado oscuro, su lado negativo, y por ello los alejamos, o nos alejamos. Insistimos en poner distancia entre nosotros. Los criticamos, velada o abiertamente, y nuestra actitud termina por dañar la relación.

También podemos asfixiar la relación, dejando caer el alud de nuestras necesidades sobre la otra persona. Ella o él “tienen que” ser nuestros confidentes, asesores, paño de lágrimas, sostén y apoyo, fuente de cariño y ternura, además de la pareja perfecta en lo intelectual, social, laboral, mental, sexual. Los involucramos con nuestra familia y nos quejamos con ellos de lo que “nos hacen”. Después, cuando ellos dicen que nuestros familiares están mal, nos enojamos y les decimos que ellos ni siquiera son de la familia.

Podemos convencernos de que no necesitamos a nadie, que vamos a salir solos adelante porque nadie nos comprende. Nos amargamos y empezamos a somatizar nuestra frustración, nuestra ira contra nosotros y contra el mundo.

Es posible que justo encontremos a las personas tóxicas que requiere nuestro Argumento de vida de perdedores. Vamos a tener una o varias parejas que sean adictas (trabajo, relaciones destructivas, tabaco, alcohol, drogas). Vamos a establecer relaciones codependientes con quienes “necesitan que los ayudemos, salvemos, rescatemos”, y después vamos a quejarnos porque no aprecian nuestro sacrificio por ellos.

Por el contrario, podemos hacernos responsables de nosotros mismos, podemos cuidarnos y protegernos, podemos tener diferentes personas para que nos asesoren, apoyen, escuchen nuestras confidencias, nos den cariño.

Podemos intimar y mostrarnos como somos, sin temor de ser rechazados, porque ya nos aceptamos a nosotros mismos, y aceptamos a los demás como son, sin querer cambiarlos.

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