Junio 20 del 2014

Renovación 172

A veces las circunstancias externas nos agobian, porque nos rebasan y no podemos hacer nada para solucionarlas. Por ejemplo, ayer en la ciudad de México se volcó el cielo y se inundaron calles, avenidas, puentes, todo. Algunas personas conocidas estuvieron 5 horas y medias “atoradas” en el tráfico; otras, recorrieron un trayecto de 15 minutos en dos horas y media.

Estamos cautivos y no podemos avanzar. Es una realidad que no está en nuestras manos modificar. La opción que si tenemos es decidir cómo queremos pasar el tiempo que estemos ahí. Nos podemos dedicar a maldecir, renegar, insultar a los que no avanzan, tocar el claxon como si el ruido desazolvara coladeras, estresarnos, ponernos de un humor de todos los diablos, angustiarnos por no poder llegar a una determinada parte, etc.

Podemos también relajarnos, asumir lo inevitable, escribir (si el auto está parado) nuestra lista de pendientes, cantar, recordar anécdotas graciosas y reírnos, respirar pausadamente, contar hasta 5000, rememorar vivencias tiernas y gratificantes, viajes interesantes, lugares bellos que hayamos visitado.

No nos vamos a abstraer del lugar y circunstancias en que nos encontramos, y sí podemos abrir una ventanita mental al buen humor, la relajación, la música.

Aún en la adversidad nosotros somos los dueños de nuestra actitud, de lo que pensamos y sentimos.

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