JUNIO 17 DEL 2014

Renovación 169

Querer evitar que nuestros seres queridos sufran por lo que nos hizo sufrir a nosotros, es algo que nos pasa con frecuencia.

Evitar que ellos establezcan relaciones destructivas, sean víctimas de su codependencia y esclavos de sus adicciones, nos motiva a buscar formas para ayudarlos.

La forma óptima de ayudar a alguien es el “modelaje”. Así se dice en PNL. La sabiduría popular lo llama “Educar con el ejemplo”.

Los hijos van a aprender de lo que hacemos, no de lo que les decimos que hagan ellos. De nada sirve soltarles frases como: “No hay que decir mentiras”, si nos ven o escuchan mentir. “Cuídate”, cuando nosotros no nos amamos ni nos cuidamos.

Puede ser que en el pasado nosotros hayamos cometido errores y queremos que ellos no repitan esos mismos errores. El refrán diría: “Nadie escarmienta en cabeza ajena”. Si nosotros, en forma abierta y honesta, identificamos que fue lo que nos indujo a equivocarnos, y lo modificamos, les estaremos dando una herramienta muy valiosa para que la apliquen en su vida.

Por ejemplo, nosotros estuvimos en una relación destructiva durante “X” tiempo. Si nos preguntan el por qué, vamos a decir que porque teníamos miedo de no poder mantener a nuestros hijos, de quitarles el estatus que su padre les daba, de enfrentar a nuestra familia y la sociedad con sus prejuicios, temíamos a la soledad, a vernos obligadas a asumir la responsabilidad sin tener a quién echarle la culpa de lo que pasaba, etc.

Eso es lo que diríamos, dentro de nosotros sabemos que no teníamos patrones de conducta para salir del problema y no los buscamos (o no lo hicimos con la diligencia que ameritaba el caso), que nuestra autoestima estaba muy por debajo del cero, que los estímulos negativos que nos daba nuestra pareja eran los únicos que nos permitían subsistir, porque nos habíamos aislado de toda fuente de estímulos positivos y edificantes, que estábamos cumpliendo con nuestro Argumento de vida, porque no teníamos un Plan de vida consciente.

Si finalmente nos divorciamos, trabajamos, tenemos un patrimonio ganado con nuestro esfuerzo, tal vez pensamos que ese ejemplo es todo. No lo es, es una parte. El orgullo, la dignidad, una chispa del instinto de supervivencia, nos pudo haber ayudado a dar el brinco. Falta reconocer la otra parte, lo que nos hizo entrar en la relación destructiva y permanecer en ella tanto tiempo. Falta llenar ese hueco, que es el más importante para nuestros hijos, y para los demás a quienes les pueda servir de ejemplo.

Vamos a ver si la autoestima de nuestros hijos está alta. Vamos ver si les estamos dando AMOR, ACEPTACIÓN Y CONFIANZA en forma total. No puede haber frases que provienen de una actitud negativa como: “Confío en ti, pero….”, Tienes que hacer esto o lo otro”, “Eso no es correcto”, “Ya cometiste un error, por eso no puedo confiar en ti”, “Tengo miedo que te pase algo”, “Es mi obligación ver que no te pase nada malo”, si caminamos juntos, ain arrear ni guiar, sino respetando el ritmo de aprendizaje de cada quien, mientras le brindamos el acceso al autoconocimiento, ponemos a la mano herramientas de apoyo, y les damos todo nuestro amor y respeto a su autonomía.

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