Junio 11 del 2014

Renovación 163

Cada vez que juzgamos a los demás lo hacemos como una defensa para justificar nuestros errores, carencias, limitaciones.

Aquello que más criticamos es lo que más nos molesta, por tenerlo en demasía o por carecer de él Ya lo dice el refrán popular: “Dime de qué presumes, y te diré de qué careces”.

Seamos tolerantes con los demás, sin dejar de mantener los límites de nuestra autonomía. Si alguien se comporta en una forma mediocre, puede ser porque no sabe cómo hacerlo de otra forma, o porque tiene miedo de arriesgarse y hacer algo distinto a su rutina.

Sentirnos irritados por su mediocridad es nuestro problema, y conviene identificar qué hay detrás de nuestro enojo:
• ¿Temor de vernos reflejados en ellos?

• ¿Será que muy dentro de nosotros nos sentimos igual que ellos?

• ¿Miedo de que nos asocien con la mediocridad?

• ¿Necesidad de aferrarnos a nuestro perfeccionismo?

• ¿Inseguridad en nuestra valía?

• ¿Envidia del conformismo con que aceptan su situación?

Puede haber muchas razones. Vale la pena profundizar en lo que nos motiva a criticar y juzgar a los demás, en lugar de aceptarlos como son, sin pretender cambiarlos.

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