Mayo 31 del 2014

Renovación 152

Cuando modificamos nuestra manera de pensar y de sentir y, por lo tanto, nuestro comportamiento, es probable que las relaciones con las personas que nos rodean cambien también. Ello se debe a que con muchos de ellos hemos estado en juegos psicológicos, en una situación viciada y no sana.

Es el momento de abrirnos a nuevas amistades, a entablar relaciones con grupos diferentes, con los que compartamos metas, por ejemplo, el de las clases de computación, de tenis, de cocina, de la universidad. Ahí conoceremos a muchas personas y, tal vez con una o dos podamos iniciar una amistad que nos brinde ratos amables.

Con las personas disfuncionales pondremos distancia, ya sea poco a poco o en forma radical. Recordemos que “a la única persona que puedo cambiar es a mí mismo”, por lo que si ellos siguen en su patología, no tiene sentido seguir conviviendo con ellos.

Esto se dificulta un poco cuando se trata de la familia cercana. Es conveniente poner distancia, escucharlos, poner límites para que no entren a nuestra intimidad, proporcionales información sobre la ayuda que estamos recibiendo, dejar a la mano libros, folletos, anuncios de cursos para dejar la codependencia, sin decir nada más, y darles mucho cariño, tenerles paciencia, compartir con ellos alegrías y logros.

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