Mayo 16 del 2014

Renovación 137

Tomar decisiones puede ser un reto, o una amenaza, para algunos de nosotros, en ciertos momentos. Ello dependerá del grado de entrenamiento que hayamos recibido desde la infancia.

Hay niños a los que se les da la ropa con que van a vestirse todos los días. Ellos no pueden opinar o elegir, lo único que les queda es obedecer. Cuando llegan a la adolescencia y a la adultez, muchas vece se prueban tres o cuatro prendas antes de optar por una de ellas y, a pesar de ello, sienten que tal vez no van bien vestidos.

Un niño dominado se vuelve un esposo o esposa dominada, y va a buscar una pareja dominante que le diga qué hacer, cómo y cuándo, etcétera. Claro que van a sentir irritación en ocasiones y pueden volverse agresivos.

Recordemos: “Cada vez que hago algo por alguien que puede hacerlo por sí mismo, le estoy impidiendo crecer”

¿Para qué querrá una madre (padre) que no crezca su hijo? ¿Para sentirse indispensable, necesitada? ¿Para evitar que la “abandonen”? ¿Para sentirse poderosa? ¿Para justificar su existencia? ¿Por qué no tienen vida propia y viven a través de los hijos? Si yo saboteo el desarrollo de los que dependen económica y emocionalmente de mí, estoy creando codependencia.

Revisemos nuestra conducta y modifiquemos lo que sea necesario, tomando en cuenta que el otro (llámese hijo, pareja, padre) es un ser autónomo, independiente, que merece ser RESPETADO, apoyado, y a quien podemos modelarle conductas a seguir, no imponérselas.

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