Mayo 12 del 2014

Renovación 133

Ayer compartí unas flores naturales que, año tras año, me sorprenden con su generosidad, esplendor, gracilidad, unas orquídeas brasileñas.

Durante muchos días sólo hay en la maceta unas pocas hojas verdes, una varita y ya, eso es todo. El tiempo camina y asoman los brotes, las yemas que se convertirán en flores, hasta que una tras otra aparecen y se hermanan para alegrar nuestro corazón.

Nosotros estamos en un proceso parecido. Algunos ya tendrán muchas flores. Otros verán, un poco escépticos, una varita que no anuncia la maravilla que viene después. En todo momento, la planta requiere cuidado, ya que demasiada luz, sol, humedad, sequía, puede lastimarla. Nosotros, también.

Si hemos estado inmersos en la labor de vivir para los demás, de intentar darles gusto en todo, de anteponer sus necesidades a las nuestras, es probable que ya ni siquiera recordemos qué nos causa placer.

Vamos a escribir todo lo que nos gusta hacer, ya sea dar un paseo por un parque, saborear un barquillo como cuando éramos niños, escuchar música, escribir, bailar, dibujar, leer, modelar barro, etc. Cada vez que nos acordemos vamos a escribir algo, para después darnos un tiempo y una oportunidad de llevarlo a cabo.

Vamos a disfrutar de lo que nos gusta SOLOS, sin condicionar el hecho a que esté presente nadie más.

Al menos unos minutos cada día, vamos a regalarnos esa vivencia, nuestro cuerpo, alma y espíritu lo agradecerán el resto del día.

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