Abril 21 del 2014

Renovación 112

En ocasiones, ante una ofensa menor, una falta leve, un error de los demás, reaccionamos en una forma contundente, tajante, definitiva, rígida, y optamos por alejarnos de esa persona o expulsarla de nuestra vida.

Es probable que tengamos un patrón mental muy estricto en cuanto a nosotros mismos desde la infancia, y que por ello nos exigimos ser los mejores, los más capaces, los que obtienen más logros, los que nunca nos rendimos ante los retos, los que no nos perdonamos equivocarnos, caer, perder el rumbo, y aplicamos la misma regla a los demás.

Reconocer que somos humanos y, por lo tanto, falibles, es sano.

Aceptar que no somos perfectos y podemos equivocarnos y aprender de nuestros errores, es el medio más rápido para crecer.

Todos tenemos carencias, un lado débil, aspectos negativos de nuestra personalidad que conviene modificar, ya sea suprimiéndolos o incrementando sus opuestos.

Para ello, vamos a practicar el autoanálisis y el autoconocimiento, y a ser tolerantes con nosotros mismos y con los demás.

Cualquiera se equivoca, es de humanos hacerlos. Lo importante es aprender de los errores y no volverlos a cometer.

No somos perfectos, los demás tampoco. Todos tenemos cualidades y defectos.

Vamos a relacionarnos con los aspectos positivos de los demás, y a apoyarlos para que superen sus carencias y modifiquen sus conductas negativas.

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