Marzo 13 del 2014

Renovación 73

El autocastigo es una actividad que muchas personas aplicamos en nuestras vidas para justificar una mentalidad derrotista.

No importa cuán afortunados seamos al estar sanos, tener un cuerpo completo, disfrutar de los cinco sentidos, tener un cerebro que funciona y piensa (aunque lo utilicemos para “darnos en la torre”), que contemos con un trabajo, un techo, una familia, una profesión, amistades y conocidos.

No valoramos la libertad en que vivimos, las oportunidades de mejorar que llegan todos los días a nuestra puerta, el ser atractivos, tanto en lo físico como en lo social, el contar con el apoyo de alguna creencia religiosa, poder vivir y practicar la espiritualidad siempre que lo deseemos.

Si enumeramos todo lo que sí tenemos, constataremos que es mucho y, sin embargo, hay un hueco, algo que nos falta, algo que no hemos conseguido, como por ejemplo: tener una relación de pareja, un puesto ejecutivo, hijos. Es natural que anhelemos lo anterior, o alguna otra cosa positiva por el estilo.

Por alguna razón no lo hemos conseguido hasta ahora, eso no quiere decir que no podamos lograrlo en el futuro. Si yo equilibro mis roles de vida y me abro al amor, la pareja llegará en el momento preciso para que podamos construir, día a día, una relación sólida. Si nos aferramos a la primera persona que tengamos a mano para tener a alguien que sea un placebo de pareja y “no estar solos”, no vamos a estar listos para encontrar una pareja-pareja.

Si me castigo con pensamientos como: “No sirvo para el trabajo”, “Soy inútil”, “No sirvo para puestos importantes en mi empresa”, “Nunca voy a encontrar quien me quiera de verdad”, “Soy feo o fea”, etc., voy a minar mis fuerzas, a enturbiar mi visión y a hacer todo lo posible porque se cumpla mi fantasía catastrófica en ese sentido.

Si algo así nos sucede, podemos aceptar que no tenemos pareja en estos momentos y revisar si hay algo que podamos hacer al respecto, si es el momento indicado para establecer una relación de pareja. Podemos identificar nuestras fortalezas en el trabajo y si hay algunos aspectos que nos conviene reforzar, como dominar uno o dos idiomas más, ver las opciones para crecer en esta empresa.

También podemos analizar en forma objetiva todas nuestras carencias y lo que no hemos logrado todavía, para planear nuestras acciones, y dedicarnos a fortalecer todas nuestras áreas positivas, nuestras áreas luz, en lugar de optar por una actitud negativa y pesimista y abrumarnos con sentimientos y pensamientos que nos hagan sentirnos mal y deterioren nuestra autoestima.

Puedo ver con objetividad lo que conviene mejorar en mi vida y avocarme a ello con entusiasmo”.

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