Marzo 11 del 2014

Renovación 71

En algunas familias se nos enseña a rajatabla que tenemos que cuidar a nuestros padres, hermanos, abuelos.

Esto podría ser positivo si le quitamos la palabra tenemos porque ello implica obligatoriedad y no que cuidar a nuestros mayores es un privilegio.

También podría ser positivo si fuera un compromiso para todos los descendientes, no nada más para las mujeres, y si la palabra cuidar no significase “cargar sobre nuestros hombros” un peso muerto.

Hay familias donde está implícito que la mayor de las mujeres no se debe casar para que pueda hacerse cargo de la mamá y los hermanos en el caso de que muera el papá, o para que la ayude si hay una retahíla de hijos que la abruma.

En otras, la mayor de las hijas puede estudiar, trabajar, triunfar como profesionista, lo que trae consigo ser “el ejemplo” para los hermanos que, por lo general, no estudian ni destacan en el trabajo. Tiene además el compromiso de ser “la fuerte”, la que toma decisiones, resuelve conflictos, se encarga de todos los asuntos económicos y funcionales de los padres y hermanos menores. Ella vive cuidando a los demás y se pone en segundo lugar siempre y, por lo general, no se da permiso para divertirse, pasear, disfrutar de la vida, porque tiene que trabajar para mantenerse y ocuparse del bienestar de los demás.

Cuidar a los padres, abuelos, no debería ser una obligación de una persona en la familia, sino una labor compartida al por igual por todos los hijos y nietos. La clave está en el equilibrio y en que no se le “eche toda la carga a una sola persona”.

En ocasiones, los hermanos, o los padres a los que esa mujer cuida, se vuelven dependientes emocional y funcionalmente de ella, lo cual conlleva que no hagan labores que podrían llevar a cabo sin ningún problema.

Si nosotros estamos en una situación parecida, si tenemos el mandato de “primero los demás” y, por lo tanto, no nos damos el permiso de ocuparnos de nosotros mismos, tal vez sea el momento de hacer un alto en el camino y pensar primero en nosotros.

Nadie puede dar lo que no tiene”. Si no tengo amor, no puedo dar amor y la base del amor es el amor a uno mismo.

Voy a pensar y a ocuparme más en mi misma y a no “sacrificarme” por los demás en aras a mantener un rol impuesto desde siempre, o maantener el control sobre los demás que me hace sentir segura”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s