Febrero 27 del 2014

Renovación 58

Hay ocasiones en que sentimos que se nos acumulan las cosas adversas, una tras otra llegan a enturbiar nuestra alegría, a retrasarnos, a poner a prueba nuestra entereza.

Es en esos momentos cuando vale la pena reconocfer a Dios, a un Poder Superior que rebasa toda capacidad humana de entendimiento, y del que hasta los más sabios científicos como Einstein han reconocido públicamente, como hizo en aquella frase que dijo: “Dios no juega a los dados con el universo”

Dios es, ha sido y será infinito y omnipresente. ¿Por qué vamos a negarnos el privilegio de aceptarlo en nosotros, de reconocer que formamos parte de una totalidad de la cual emanamos y a la cual regresamos?

Vamos a hablar con Dios, eso es orar. No se requiere un lugar específico, una condición limitada al tiempo o circunstancias. Podemos hacerlo en cualquier momento.

Establezcamos un diálogo, lo cual es factible si acallamos el ruido externo y entramos en la esencia de nuestro ser, en el que expresemos todo lo que nos preocupa, alegra, acongoja, atormenta, y escuchamos la respuesta en nuestro interior.

Es conveniente hacerlo en forma directa, no necesitamos intermediarios, intercesores, mediadores. Dios es capaz de escucharnos a cualquier hora que lo busquemos y siempre estará para nosotros, a nuestro lado, en nosotros, tanto en los momentos de más tribulación como en los de mayor alegría.

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