Febrero 19 del 2014

Renovación 50

¡Bravo! ¡Ya hemos caminado 50 días por el sendero de la renovación!

De vez en cuando, sentimos que no hemos logrado nada, que vamos muy despacio. Quisiéramos cambios radicales, notorios, definitivos, y nos parece que vamos a paso de tortugas.

Les voy a contar una anécdota que puede pasarle a cualquiera. Imaginen que fueron en su auto a pasar unas vacaciones en una hermosa cabaña de madera enmedio de un bosque. Era el mes de otoño y las hojas de los árboles, rojizas algunas, caían satisfechas de su labor anual y cubrían el piso, y los objetos que ahí estaban, con una gruesa alfombra de hojarasca.

El coche no lo usaste en todo el tiempo que estuviste descansando en ese lugar, y no había un lugar techado para guardarlo, por lo que se cubrió de hojas, mimetizándose así con todo el paisaje exterior.

Llegado el momento, te preparaste para regresar a casa. Cargaste tu equipaje y limpiaste sólo las hojas del parabrisas para poder ver el camino, mientras planeabas ir a un servicio de auto-lavado al llegar a tu ciudad, para que con grandes chorros de agua quitaran toda la basura. Arrancaste el motor y tomaste el camino que te llevaría a tu nido.

Al ir avanzando, el viento empezó a llevarse, una a una, varias a la vez, las hojas que se habían acumulado sobre el techo, el cofre, la cajuela.

Cuando llegaste a tu ciudad, el auto ya no tenía hojas encima, tan solo unas cuantas atoradas en la parrilla del frente y algunos rincones donde el viento no llegó, por lo que, al día siguiente, bastó con que lo limpiaras con una franela húmeda y quitaras con la mano las hojas atoradas.

Pues bien, quiero utilizar esta anécdota como metáfora, ya que eso es lo que está pasando con nuestra vida. En enero arrancamos nuestro carro lleno de basura acumulada durante mucho tiempo e iniciamos un camino de renovación. Conforme han pasado los días, al ir avanzando, la basura se ha ido cayendo del vehículo. Si nos detenemos, la basura sigue donde estaba. Si avanzamos, la basura se cae sola, sin esfuerzo.

El secreto está en no detenerse sino lo necesario para darle mantenimiento al coche, descansar y, de vez en cuando, darnos el tiempo de disfrutar el paisaje, alimentar nuestras ilusiones, recordar lo vivido y soñar el futuro.

Vamos en el camino. Aunque no nos demos cuenta, las hojas están cayendo sin que nosotros conscientemente hagamos algo para quitarlas de nuestro auto.

Vamos a seguir avanzando, con buen ánimo, con la alegría de quien sabe que está en el camino que lo lleva a conseguir sus metas en la vida.

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