Enero 11 del 2014

Hace unos días, una amiga muy querida me regaló un recordatorio de la misa de aniversario de la muerte de su hija, una jovencita a la que un cáncer fulminante cercenó la vida dejando a un niño pequeño huérfano y a todos sus seres queridos sumidos en el dolor.

En lugar de la clásica estampita con un Santo X, se trata de una pequeña tarjeta blanca, doblada en dos, con el nombre de la joven y la fecha de su muerte en el frente, sobre un ramos de flores de No me olvides en tonos azul. Al abrirla, del lado izquierdo, se encuentra pegado un sobre de celofán con unas semillas, en las que puso una leyenda que dice: “No me olvides. Siémbrala en el jardín de tu corazón” Del lado derecho escribió: “Que estas flores de No me Olvides te recuerden que hay amores que nunca se olvidan. Vives en nuestro corazón, tu memoria está y estará siempre con nosotros. Te amamos”

Aparte viene una tarjeta con una foto de la joven sonriendo firmada por su hijo de siete años, que tiene en la parte de atrás el siguiente pensamiento: Cuando alguien pierde una perla valiosa, puede estar perdida para nosotros, pero sigue siendo una perla, sólo que está en otro lugar y el hecho de que no la podamos ver, no cambia la realidad. También así sucede con el alma de un ser querido. Sus hermosas cualidades jamás cambian. El alma sigue viviendo en el más allá, pero sobre todo, sigue viviendo en los corazones de todos aquellos que alguna vez compartieron parte de esa vida”.

Verla me hizo unirme al dolor de todas las madres y padres que han perdido un hijo, para mí el proceso más doloroso que existe. Sólo ellos saben lo que se siente cuando te arrancan una parte de tu ser. Llegar a la aceptación en el duelo en esos casos, requiere una entrega total, hasta lograr una nueva narrativa en la que el hijo muerto pasa a formar parte de la vida cotidiana, en otro plano, y sin interferir en nuestro sano desarrollo. Para todos ellos un abrazo solidario.

También me hizo pensar en los miles de niños que pierden a sus madres a temprana edad, y viven una realidad diferente a lo esperado por todos, con un hueco que nada ni nadie va a poder llenar. Si se les apoya en un proceso tanatológico para que elaboren su duelo y lo cierren, van a salir adelante, claro está que con una cicatriz en el alma.

Por todos ellos, les pido que hagamos un ejercicio para enviarles energía que les de fortaleza para salir adelante. Relájense y entren en sintonía con su Poder Superior y la energía universal. Sientan esa fuerza y bienestar y piensen en todos esos hombres y mujeres que están sufriendo por la muerte de un hijo, y en todos los niños que están llorando la muerte de uno de sus padres. Visualicen cómo les envían el flujo de energía que están recibiendo ustedes y dejen que llegue a ellos en la forma en que ellos lo necesitan. Agradezcan el privilegio de poder compartir esta energía.

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