TANATOLOGÍA ENFERMEDAD TERMINAL

Todos podemos tener a alguien en nuestra familia a quien le hayan diagnosticado una enfermedad terminal, o conocemos a alguien que la padece.

Dentro de las enfermedades terminales considero a cualquier padecimiento que no tenga curación y cuya única salida segura es la muerte: cáncer de cualquier tipo, Hepatitis C, Leucemia, etc. No hay discriminación alguna, igual le puede dar a un niño o a un viejo, a un rico o a un pobre, a una personas cosmopolita o a un granjero, a un analfabeta que o a un erudito.

Lo interesante es cómo lleva a cabo su duelo la persona cuando recibe el diagnóstico y las decisiones que toma en el camino.

Cuando alguien sospecha que tiene una enfermedad terminal, a la que tal vez los médicos todavía no le ponen “apellido”, puede optar por ir de especialista en especialista, confiando que el siguiente le va a decir que hay un error y que no tiene nada.

Una vez que el diagnóstico cae como plomo ardiendo sobre la persona, sobrevienen momentos llenos de confusión, desconcierto, estupor. De ahí puede pasar a una vorágine emocional o negarse a aceptar el diagnóstico.

Habrá momentos en que ruegue por un milagro a todos los Santos de su devoción y haga promesas y “mandas” para curarse, otras en las que recurra a la medicina alternativa, naturista, o a la brujería.

En ocasiones, si no lleva a cabo un manejo asertivo de sus emociones displacenteras y no procesa sus sentimientos negativos, puede caer en depresión, sin que ésta se asocie a medicamentos o alteraciones bioquímicas del organismo.

Al ir resolviendo toda la revolución cognitivo-emocional-psicológica, social. espiritual, va a llegar a un momento decisivo en que enfrenta su realidad: va a morir, igual que todos nosotros, nada más que él o ella sabe que ya está en la recta final.

Es en ese “turning point” cuando decide cómo va a transitar ese camino: en forma serena, positiva, disfrutando lo que hace cada día, bendiciendo cada minuto que vive a plenitud, compartiendo momentos emotivos y gratos con todos los que le rodean, o, entre médicos y tratamientos, luchando contra la muerte, maldiciendo y renegando de todo y de todos.

Con la primera actitud vive y goza lo que le queda de vida, sin dejar a un lado los cuidados médicos necesarios, nada más que estos no son el eje de su existencia, si no el amor y la alegría que da y recibe cada día.

Con la segunda, adopta una actitud negativa, combativa, añorando lo que perdió o ya no tiene, envidiando a quienes tienen salud, “recargándose” en sus familiares o amigos, y salpicándolos con su amargura y pesimismo. Todo el tiempo llora, se queja, maldice, habla de su enfermedad y la vuelve el eje de su vida y pretende que los demás hagan lo mismo.

El enfermo que optó por la actitud optimista conserva un ambiente agradable a su alrededor, todos lo aprecian, lo ayudan con gusto. El negativo, ahuyenta hasta a sus seres queridos que buscan evadir un ambiente que “se corta con cuchillo”, en la medida en que pueden hacerlo.

Todo esto me vino a la cabeza porque estoy leyendo un libro que se llama “Until I say Good-bye”, de Susan Spencer-Wendel con Bret Witter, Editorial Harper, USA, el cual recomiendo ampliamente. Entren a http://www.susanspencerwendel.com para investigar y conocer un poco sobre su vida.

Si ustedes son tanatólogos, están estudiando un diplomado sobre el tema, o les interesa aprender sobre las etapas del duelo, podrán identificar cada una con toda claridad entre su narrativa, y les servirá para reafirmar conocimientos.

Si no son profesionales y quieren aprender sobre la vida y la muerte, lean el libro. Vale la pena.

Susan Spencer-Wendel obtuvo un Master en periodismo en la Universidad de Florida y trabajó como periodista cerca de 20 años, en los que recibió muchos premios y reconocimientos.
En junio del 2011, le diagnosticaron amyotrophic lateral sclerosis (ALS), esclerosis lateral amiotrófica (ELA) en Español, conocida también como enfermedad de Lou Gehrig, padecimiento que sistemáticamente destruye los nervios que dan fuerza a los músculos.

Tenía 44 años, un esposo y tres hijos, cuando le dijeron que le quedaba un año sana. Susan decidió vivir ese año con alegría, con su familia y amigos, viajando y haciendo cosas que siempre había deseado. Sus experiencias, alegrías, tropiezos, están en su libro, que decidió escribir para que sus hijos y familiares tuvieran un recuerdo cuando ella muriera. Le costó trabajo porque, a pesar de saber escribir, fue perdiendo la fuerza de sus brazos y manos, hasta terminar escribiendo en una Ipad y después en un Iphone, ya que sólo le resta el pulgar de la mano derecha con movimiento. Un ejemplo de la voluntad de dar y vivir en positivo.

En su blog ella comenta: “A medida que mi condición empeoraba, recibía noticias extraordinarias sobre mi libro. Se va a traducir a 20 idiomas y distribuirse en 4 continentes, y se considera hacer una película también. No me lo imaginaba. Me encanta saber que los lectores se ríen y lloran con él”.
En los próximos días compartiré algunos pensamientos de esta autora, ya que me ha hecho reflexionar mucho sobre mi vida y mi muerte.

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