CONSUMISMO VS FELICIDAD

Existen muchos padres jóvenes que viven con una culpa enorme por tener que trabajar y dejar a los hijos en la Guardería. Ante ello, compran para el niño el último juguete, disfraz, artefacto electrónico que hay en el mercado, el cual sólo satisface al niño un breve tiempo, lo cual lo hace doblemente obsoleto, ya que en un breve plazo, ya sale al mercado otro juguete más moderno o sofisticado.

Los bebés están muchas veces sobre-estimulados, además de que ya nacen, como digo yo, con un chip integrado. Por ejemplo: mi último nieto me sorprendió cuando tenía 7 meses cuando le regalé un oso de peluche. Lo tomó y observé que le presionaba las manos, el pecho, la pancita, y pensé: “Ya tenemos un médico en la familia, lo está auscultando”. Llegó mi hija y al comentarle esto me dijo que él tenía un oso similar que, cuando le apretabas los brazos y determinadas partes del cuerpo, hacía diferentes sonidos o decía que tenía hambre.

En este afán compensatorio y la velocidad con que se vuelven obsoletos los aparatos electrónicos (juguetes y otros), los padres entran en una espiral negativa: necesitan ganar más para poder comprarle al niño la última novedad, por lo que trabajan más horas en la oficina y/o se traen trabajo a la casa, con lo cual están cada vez más cansados y con menos tiempo para una convivencia de calidad con el pequeño.

Tenemos además la intromisión de “las redes sociales” en nuestras vidas, lo cual permite que nos busquen a cualquier hora, cualquier día, con el resultado de otra fuga de tiempo de calidad para los hijos, la pareja, la familia.

Me ha tocado ver a jóvenes adolescentes, profesionistas y padres de familia que, en el desayuno o comida familiar semanal, están atendiendo su teléfono celular en lugar de dialogar con los demás. Cuando les llaman la atención dicen: “Es del trabajo, tengo que resolver algo”. “Es algo urgente, no me tardo”.

Estas redes sociales nos mantienen al tanto en muchos sentidos, y han eliminado el placer de la conversación, de la charla, del intercambio de vivencias y conocimientos frente a una taza de té o café en una sobremesa agradable, o a media tarde de un día feriado.

Para abreviar el intercambio de mensajes, han inventado un lenguaje simbólico: TQM, Gr, XF, etc., con lo que pierden, aún más, la oportunidad de pulir y ampliar su lenguaje. No podemos encriptar la vida, la cultura, el buen vivir, el placer que nos da la naturaleza cada minuto cuando recuperamos nuestra capacidad de asombro.

Tener un amigo es un tesoro, tener 500 contactos en un portal “X” es no tener a nadie.

Vale la pena aprender y utilizar los recursos cibernéticos que nos pueden facilitar la vida si lo hacemos con límites. Cuidar nuestra intimidad, tiempo de familia, el cultivar nuestras amistades, gozar con las cosas naturales, ser espontáneo y honesto, nos va a traer felicidad, aunque no compremos el último modelo de “algo”.

Ver: http://www.elpais.com artículo Pilar Álvarez sobre Zygmunt Bauman.

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