CUSTODIAR

Dentro de la prolongada ceremonia ritualista de transmitir los poderes al Papa Francisco, muchos esperábamos la homilía para leer entre líneas cuál va a ser la tendencia que prevalecerá en su desempeño como líder de la iglesia católica, así que desde la 1.30 de la madrugada me puse a ver la televisión, para esperar ese momento.

Aquí en México hay un dicho que se incluye en una canción popular: “No soy monedita de oro pa´caerle bien a todos”. Por ello, habrá quien cuestione todo lo que haga o diga el Papa, lo que haya hecho en el pasado y lo que puede hacer en el futuro. Yo prefiero otorgarle un voto de fe y creer que va a hacer muchas cosas positivas por la humanidad. Al tiempo veremos los resultados.

Por lo pronto ha empezado con buen pie, calzado con sus zapatos negros, usados, no relumbrantes de nuevos, ni rojos. Ha roto muchos protocolos y se ha acercado coloquialmente a las personas, sabe leer discursos con énfasis y pautas. Estrategia o autenticidad, está logrando su objetivo, ya la gente lo percibe cercano, amoroso, humilde.

La mayor parte de su homilía no tiene desperdicio. Vale la pena que la bajen de internet y la lean muchas veces. Yo voy a compartir algunos pasajes que me conmovieron, en los que se puede hacer una lectura muy profunda si se sabe escuchar:

• Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu.

• La vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos.

• Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón.

• Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres.

• Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.

• Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos “custodios” de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro.

• Pero, para “custodiar”, también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.

• Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.

• También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza.

Deseo que Dios, el Dios de todos los credos y todas las culturas, aunque tenga distintos nombres, le de salud y fuerza para realizar los grandes cambios que la iglesia católica requiere con urgencia.

Consultar:

www.vatican.va

www.news.va

www.abc.es

www.elpais.com

www.periodicoreforma.com

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s