¿Qué hacer cuando todo nos sale mal?

Esta pregunta nos la hemos hecho muchas veces, inclusive hemos asistido a cursos y seminarios, comprado libros, escuchado programas radiofónicos, en la búsqueda de orientación para salir del atolladero en que nos sentimos.

La frase clave es nos sentimos, no dije nos encontramos o estamos. La diferencia es la forma en que percibimos el cúmulo de circunstancias, adversas tal vez, que han roto nuestra cotidianeidad, nuestra rutina, la comodidad de tener respuestas para todo.

Voy a poner un ejemplo extremo: una persona puede perder su empleo y no encontrar otro en forma inmediata. Como consecuencia de ello, perderá el estatus económico y social que tenía: tendrá que cambiar a los hijos de una escuela privada a una pública, puede tener que vender el auto o su casa, porque no tiene dinero para continuar los pagos mensuales, por lo que irá a vivir con sus padres y se desplazará en transporte colectivo (esto es muy común en muchos países, nada más que en México, la clase media y media alta no utiliza el Metro ni los autobuses).

Es un caso crítico, como los que me tocó conocer cuando arranque el Programa de Apoyo a los Grupos de Empleo Creativo, en el año de 1995, y es probable que se esté presentando en muchos países que se han visto afectados por las repetitivas crisis económicas, políticas, de corrupción, etc. El Programa es un proyecto de varias semanas o meses, dependiendo de la frecuencia con se aplique. Aquí no voy a hablar de él, sino a considerar el estado de ánimo de alguien al que todo le sale mal.

Es importante enfrentar la realidad, no sólo nuestra realidad, si no la del medio del que formamos parte. No es a mí al que le salen mal las cosas, o al que le va mal, es a un sector de la sociedad vulnerable y desprotegido por lo general. Esto no quiere decir que “mal de muchos, consuelo de tontos”, sino que es un problema compartido con muchas personas, por lo que es conveniente buscar soluciones que puedan surgir de quienes padecen pérdidas parecidas a las nuestras.

Así ante mis pérdidas (empleo, estatus, vivienda, auto, escuela hijos, etc.), lo que conviene es vivir el duelo tanatológico hasta llegar a la aceptación, libres de emociones displacenteras y sentimientos negativos, para poder liberar nuestra creatividad y encontrar nuevas opciones para salir adelante, las que, por lógica, van a ser diferentes a las que yo solía generar en el pasado. Ante un reto nuevo, nuevas soluciones.

Si cambias el enfoque del problema, pueden surgir ángulos de salida que no vislumbrabas antes. Practícalo y comparte con nosostros tus vivencias.

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