Alimento

Hoy vamos a agradecer el tener alimento que llevarnos a la boca, como se dice coloquialmente. Poco o mucho, de buena calidad o no, en la medida y combinación adecuada, proporcionalmente a nuestra edad y actividad, tenemos a la mano comida que ingerimos todos los días.

Lo más probable es que nuestra dieta esté formada por alimentos que solíamos tomar en el seno de la familia, influenciados por el entorno local en que vivimos, y que perpetuamos sin cuestionarnos. Desarraigar esas costumbres a veces conlleva el desprendimiento emocional de una época que no queremos dejar atrás, porque la consideramos un refugio para nuestros conflictos actuales. Todos recordamos la sopa de fideo, los pasteles o tortillas de harina de la abuelita; la musaca o el kepe que hacía la tía Leila; los frijoles negros refritos y los buñuelos que preparaba  la Nana soledad , la paella y el bacalao que guisaba mamá, y según nosotros decimos, son los más ricos que hemos probado.

En una ocasión, una señora que quería competir con su suegra porque el marido la tenía virtualmente viviendo entre los dos, tomó clases de cocina y elaboraba comidas exquisitas. El esposo siempre le decía que a su mamá le quedaba mejor tal o cual platillo. Le dije que nunca iba a poder dar a la comida el sazón del recuerdo, o el hambre de la infancia, que su esposo asociaba a la comida. Ella creó su sazón, su estilo y la historia continuará con sus hijos, si es que la comida es un vínculo emocional definitivo entre ellos.

Conozco a algunas personas que nacieron durante la post-guerra que fueron educados para no desperdiciar nada de comida, se sirven sólo lo que van a comer, y dejan el plato rechinando de limpio. Es una sana medida que podríamos adoptar todos ¿Para qué servirnos más de lo que nos conviene comer? ¿Por qué tirar la comida a la basura?

Tomemos en cuenta que, según la FAO, el número  y prevalencia de personas subnutridas en el mundo, en el período del 2006 al 2008, es de 850 millones (13%), y que el mundo produce actualmente alimentos suficientes para todos sus habitantes, aunque muchas personas no tienen acceso a ellos.  No voy a profundizar en este punto porque me extendería mucho. Por favor consulten en www.fao.org/hunger todas las políticas, estadísticas, evidencias, criterios, que hay sobre el hambre en el mundo.

Somos lo que comemos. Revisemos nuestra relación emocional con la comida y vigilemos que sea sana y actualizada. Agradezcamos tener qué comer todos los días y no tiremos, ni despreciemos la comida.

 

 

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