Vestido

Hoy vamos a agradecer tener ropa para cubrirnos del frío y de las inclemencias del tiempo y, probablemente al leer este blog supongo que tendrán ropa destinada a algo más que satisfacer una necesidad básica ¿o estoy equivocada?

La ropa se ha ido volviendo desechable, como muchas otras cosas y, como algunos pretenden, se vuelvan las parejas, las familias, las relaciones.

Recuerdo que antaño las abuelas, o las costureras que laboraban en las haciendas, zurcían con un tejido intercalado los calcetines, calcetas, medias o mallas, introduciendo un huevo de madera, marfil u ónix. Eso pasó a la historia, ahora si se rompen, se tiran, además de los miles de calcetines nones que existen en cada hogar y que acaban igual en el bote de la basura.

Conocí a una señora francesa que cada año, al iniciar las distintas temporadas, se compraba un traje de dos piezas, dos blusas, un sueter, todo de magnífica calidad, sin ser de firma, ni pret-a-porter. Conservaba del año anterior algunas piezas clásicas que utilizaba para combinar con su atuendo nuevo, tal vez un blazer, unos pantalones impecables de corte clásico, así como accesorios: foulards, mascadas, bolsos, calzado, adornos, y lo demás lo llevaba a un dispensario donde lo vendían a un precio simbólico a personas que lo necesitaban. Cada tres años adquiría un abrigo y una gabardina nuevos y regalaba los que tenía a algún familiar o amigo menos afortunado. Estaba siempre impecable, actualizada, elegante y no gastaba dinerales en ropa que nada más hace bulto en el closet y se pasa de moda ahí, esperando que la dueña adelgace o que adquiera algo para combinarla.

También hay hombres que funcionan de manera conservadora, discreta y actualizada y otros que compran compulsivamente prendas que no van a usar.

Empecemos por dar las gracias por tener con qué cubrir las desnudeces del cuerpo, que las del alma es más difícil de lograr. Hay miles de personas que carecen de este recurso elemental y viven con harapos deshilachados, tal y como está su presente y su futuro.

Si nos es posible, seamos generosos y compartamos algo de lo que tenemos, no lo que se está cayendo a pedazos, no lo roto o inservible, sino algo de nuestra ropa en buen estado y donémosla a un asilo, dispensario, refugio, orfelinato, y la próxima vez que vayamos de compras, respiremos profundamente antes de caer en el consumismo y sopesemos si en realidad necesitamos esa prenda.

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