oportunidades

Hay personas que nos dan un modelo a seguir en muchos tramos del camino. Hoy voy a mencionar una de ellas. Encontré en la página deportiva del periódico El País de hoy, una entrevista que Rafael Pineda le hace a Juan Antonio Anquela (Anquelotti), entrenador del equipo de futbol Granada, quien es oriundo de Linares Jaén, lugar en donde recordarán fue cornado de muerte el torero Manolete el 28 de agosto de 1947, por el toro miura llamado “Islero” (http://portaltaurino.net/noticias/manolete/htm y también en www.youtube.com/watch?v=q7b97sO-hGU

Anquela ha sido futbolista y entrenador con una trayectoria esforzada y continua, que transcurrió con discreción hasta el 27 de octubre del 2009, cuando el equipo de Alcorcón que él dirigía, goleó al Real Madrid CF por 4-0 en el Estadio Santo Domingo de Alcorcón, Madrid, durante un encuentro de ida de dieciseisavos de final de la Copa del Rey.  Este hecho insólito causó mucho revuelo, decían que era David venciendo a Goliat y corrió mucha tinta al respecto. En el partido de vuelta, el 10 de noviembre de 2009, su equipo logra la clasificación al perder en el estadio Santiago Bernabéu (Madrid) por 1-0, lo que le da la victoria global 4-1 y el hacer historia pasando a octavos de final de la Copa del Rey a costa del Real Madrid CF.

Ahora lo entrevistaron porque va a enfrentar con el Granada al Real Madrid. Voy a mencionar algunas de sus frases que considero nos transmiten un mensaje importante: “El futbol nos puso en el camino ese regalo y lo supimos coger”, A mí, desde pequeñito, me dieron el consejo de ser siempre como soy, de no cambiar nunca y también de no engañarme jamás”.

Lo que me llamó la atención es la mención a una oportunidad que se presentó en su camino y la supo aprovechar, no sólo él, también varios de los jugadores que ahora están con el Granada. ¿Cuántas veces hemos tenido las oportunidades frente a nuestras narices y no las vemos, las dejamos pasar de largo? Vale la pena reflexionar sobre esto y empezar a mirar la vida con unos ojos renovados y abiertos al cambio, a la oportunidad de crecer, de ser mejores, de prosperar.

También el hecho de ser uno mismo, de no cambiar nuestra esencia es imprescindible. Estoy segura que conocen a muchas personas con el síndrome del ladrillo que, en cuanto suben un poco en la escala laboral, social, deportiva, económica, ven y tratan con desprecio a quienes han sido sus compañeros, y luchan por aparentar una personalidad ficticia para “encajar” en el nuevo espacio y ganarse la aprobación de sus nuevos colegas o compañeros, y viven en el autoengaño más atroz.

Buena suerte a estos futbolistas y nosotros… a practicar algo de lo anterior.

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