OCTAVA PUERTA: DAR

Cuando nacemos dependemos al 100% de los demás porque necesitamos para sobrevivir que nos den todo: calor, alimento, contacto, cariño, así que nos acostumbramos a recibir y a ser una parte de nuestra fuente de satisfactores.  Poco a poco, viene la individuación y la autosatisfacción en muchos sentidos, tal el vez el primero sea el lúdico, aunque sigamos dependiendo de los demás para sobrevivir, hasta que nos independicemos en todos los sentidos.

Así, recibimos todo desde que nacemos  y nos acostumbramos a ello. Al crecer, si confiamos en nosotros mismos, vamos a ser capaces de proporcionarnos muchos satisfactores de toda índole, y vamos a aprender a compartir y a dar, en un intercambiando que nos hace formar parte de muchas redes: familiares, sociales, deportivas, laborales.

Aunada a muchas inseguridades, está la necesidad de poseer, de guardar, de acumular en exceso, de no compartir, y de esperar que los demás nos sigan dando todo lo que requerimos.

En el equilibrio está la clave, guardar lo necesario, compartir lo que haga falta al grupo, dar y recibir con amor, en armonía, sin egoísmo ni intereses ulteriores

Se dice fácil y nos cuesta mucho trabajo hacerlo.  Si no lo crees, asómate a tu closet y revisa cuánta ropa de más tienes, no necesitas 20 pares de zapatos, cuatro abrigos, 30 suéteres, etc., de los cuales muchos no has usado en años, mientras hay personas que se mueren de frío a tu alrededor. Puedes hacer un inventario en tu casa para ver si tienes una personalidad retentiva y acumulas y acumulas cosas, recuerdos, recuerditos, bobada y media, y te has concentrado más en tener que en ser.

No sólo guardamos cosas, también guardamos el reconocimiento, las caricias, el aliento, el apoyo, el cariño que podemos dar a los demás.  Revisa si tienes una caja fuerte donde has acumulado todo esto durante años o durante toda tu vida, lo que no te hará más poderoso sino más infeliz.

Cuando damos, permitimos que el flujo positivo que nos llega, siga su curso y se ensanchen los caminos. Ten la seguridad que te llegará multiplicado por “setenta veces siete” todo lo positivo que des a los demás. Empieza hoy, comparte todo lo que tienes de más en tu casa con los que no tienen nada. Mira con una óptica nueva a todos a tu alrededor y empieza a darles lo que intuyas necesitan para vivir mejor. Sé generoso(a) con tu sonrisa, con tu saludo, con el reconocimiento verbal que esperan de ti, regala abrazos y palabras de aliento a quienes sufren. En tus oraciones, pide por y para ellos, no para ti, lo tuyo llegará en su momento.

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