Sexta Puerta: Emociones

Atravesar esta puerta significa que nos vamos a hacer responsables de nuestras emociones, nada de pensar o decir: “fulano de tal” me hizo sentir triste, o me hizo enojar, o me hace vivir en el miedo.  Somos nosotros quienes decidimos sentirnos tristes, enojados o miedosos, ante determinadas conductas de los que nos rodean.

En el momento en que yo acepto la premisa de que mis emociones las maneja otra persona, no soy dueño de ellas. Esto es muy cómodo porque nos facilita vivir en la negación. Resulta que yo soy un títere a quien mis familiares, mi pareja, mi jefe, los compañeros de trabajo, manejan a su antojo y por lo tanto, ellos “tienen la culpa” de lo que pasa, no yo.

Si por el contrario, yo asumo la responsabilidad de mis emociones y las manejo en una forma asertiva y congruente, voy a ser dueño de mí mismo, no viviré reaccionando a los estímulos externos, si no que podré ser proactivo y elegir qué emoción quiero vivir y en qué momento voy a hacerlo.

¿Quiere decir esto que no voy a sentirme enojado, triste o miedoso en ocasiones? Claro que nos vamos a sentir así, no una sino muchas veces a lo largo de nuestra vida. Lo importante será determinar por qué me siento así, y si existe una causa real que está generando esa emoción en mí, por ejemplo: estoy enojado porque me robaron el coche, estoy triste porque se murió un ser querido, tengo miedo porque me están asaltando a mano armada. En todas estas circunstancias, es lógico y sano que vivas las emociones de IRA; MIEDO y TRISTEZA, a las que llamamos emociones displacenteras (no negativas), porque tienen una razón de ser y una función específica para lograr enfrentar la agresión o amenazas y el dolor.

Son sólo tres emociones displacenteras: ira, miedo y tristeza, los demás son sentimientos, por ejemplo: resentimiento o rencor,  angustia, celos, deseo de venganza, envidia, culpa, fobias, etc.

Conviene aprender a identificarlas en cuanto aparezcan en nuestro panorama, para manejarlas en forma asertiva. El que yo sienta rabia porque me robaron el auto, no quiere decir que voy a empezar a golpear cosas, a insultar a medio mundo, a “jalarme los cabellos” con desesperación. Tengo derecho a estar enojado y puedo canalizar mi enojo en una forma en que no lastime nada, a nadie, ni a mí mismo, ésa es la clave.

Lo mismo pasa con el miedo, (pueden ver la reflexión  de enero 23 que titulé Asaltos), ya que empezamos por identificarlo, asumirlo, canalizarlo y analizarlo, en ese orden. Si se trata de un asalto, es lógico que tenga miedo y esto va a generar una serie de cambios en mi organismo, los que me conviene manejar. El problema es que, en ocasiones, tenemos miedos imaginarios, sentimos temor ante amenazas creadas por nuestra fantasía, nuestra imaginación, nuestras creencias, y ese miedo va a generar los mismos cambios bioquímicos en mi cuerpo que ante un asalto a mano armada.

Respecto a la tristeza, si hay una pérdida importante, es esperado sentir tristeza, y yo puedo reconocerla, aceptarla, expresarla, canalizarla y analizarla, lo más cercano posible a la muerte de la persona o de la relación. Llorar es sano, es una forma de lavar el alma. Lo insano es reprimir, negar, postergar el duelo.

Te recomiendo mi libro “Inteligencia Emocional en el divorcio”, en el que presento los temas de IE: neuroanatomía de las emociones, manejo emocional, comunicación, liderazgo, trabajo en equipo,  competencias de la IE, en forma modular y, por separado, cómo aplicarlos antes, durante o después del divorcio. Así, no importa si eres soltero, estás casada, eres jefe o empleado, podrás obtener información útil para tu desempeño en los roles laboral, familiar y social.

Si tu tristeza es porque se terminó una relación de pareja por muerte, divorcio, o ausencia, te recomiendo mi libro “Bienvenida a la sociedad de las mujeres solas”,  donde está cómo llevar a cabo el duelo tanatológico en la primera parte y cómo modificar o elaborar un Proyecto de vida personal y un Proyecto de Vida en pareja, en la segunda.

Vale la pena reflexionar:

  • ¿cómo vives tus emociones?
  • ¿las estás asumiendo o le echas la culpa a los demás por lo que sientes?
  • ¿llevas a cabo un manejo asertivo de tus emociones?
  • ¿eres congruente en tus emociones?
  • ¿tienes círculos abiertos en este sentido?
  • ¿hay alguna de las tres que reprimes?
  • ¿cómo las canalizas?
  • ¿las has analizado después de manejarlas?

   

 

 

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