TERCER PUERTA

Confianza (2)

La confianza no es genética, se aprende desde que nacemos y son las personas que participan en la crianza quienes modelan esta cualidad y van a influir en el desarrollo de la confianza en nosotros mismos y en los demás.

He comentado que son tres los elementos necesarios para que una persona crezca sana: amor, aceptación y confianza.  Cuando falta alguno de ellos se pueden desarrollar trastornos de personalidad o diversas patologías psicológicas, por lo que es conveniente revisar si tenemos huecos en nuestra formación y, sobre todo, tomar medida preventivas si somos padres de niños pequeños.

Vamos a ver unos ejemplos  de cómo adquieren confianza los niños.  Empecemos por el bebé cuando empieza a aprender que el objeto “regresa”. Todos recordamos cómo jugábamos con nuestros hijos a “tutú-tás”, mientras nos cubríamos la cara con un cojín o cobija y la destapábamos después, lo que le causaba alegría y risas. Esto lo hicimos muchas, muchas veces y así él aprendió que siempre regresábamos.  Más adelante tenemos la “angustia de la separación”, que se desvanece cuando el niño asimila que siempre regresas.

Les contaré una anécdota que viví con uno de mis hijos. Yo viajaba mucho cuando él era bebé, por lo que le compré un muñeco de peluche y le dije que ahí dentro estaba mi corazón y que siempre estaría cerca aunque no estuviera con él en ese momento. Él se dormía abrazando su muñeco y yo me sentía un poco menos mal. Pasaron varios meses y un día se acercó a mí y me entregó el muñeco, diciéndome: “ya no lo necesito”. Por poco  me pongo a llorar… ya había crecido sin que yo me percatase de ello (como suele pasarnos a todos los padres).

Otra forma en que los niños adquieren confianza es con los cuentos de Hadas, los que quieren que le cuentes una y mil veces y ustedes preguntarán por qué el mismo cuento siempre. Porque les da seguridad saber el final y que éste sea siempre el mismo. Ello eleva la confianza en que se pueden resolver las situaciones difíciles o peligrosas.

La confianza la perciben los bebés con sus seis sentidos. Por ejemplo, si somos aprehensivos y estamos temerosos de que algo malo le pase al niño, él lo va a sentir y eso hará que tenga menos confianza en nosotros y en sí mismo. Es el caso cuando empiezan a caminar, sabemos que se van a caer “n” veces, es lo lógico. Podemos quitar los objetos peligrosos de su camino, cubrir con protectores los picos de mesa y muebles, etc., y supervisarlos y alentarlos de lejos, sin invadir su terreno, con el pensamiento positivo de que lo va a lograr. Las expectativas tienen un valor energético muy fuerte.

Es imposible que aborde aquí todo el proceso en que el niño adquiere confianza. Les recomiendo leer a Jean Piaget, a Melanie Klein, a Karen Horney,  a Muriel James (Nacidos para triunfar). Hay muchos autores que pueden aportarnos información sobre la etapa del crecimiento y sólo si sabemos qué nos falta, podremos incorporarlo a nuestra vida.

Una manera de incrementar la confianza en nosotros mismos es elevar nuestra autoestima, para ello conviene hacer una lista de todos los logros que hayamos tenido hasta el día de hoy, sin importar en qué época de nuestra vida los conseguimos. Por ejemplo, el andar en bicicleta puede haber ido algo muy fácil o haberte costado mucho esfuerzo, la Banda de Honor que te sacaste en la Primaria, la medalla de natación, etc. Al final, verás que puedes confiar en ti mismo porque has podido vencer muchos retos.

Frase: “La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito“.  dicha por Ralph Waldo Emerson. Poeta estadounidense. (1803-1882)

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