¿MAESTROS?

Ayer fui a dar un curso al centro de la ciudad, a un edificio colonial bellísimo ubicado en la calle de 5 de mayo. Es una delicia regresar al pasado y estar unas horas en un espacio con pisos de mármol y con más de nueve metros de altura, con frisos en los techos, canceles y balcones de hierro forjado, candiles italianos y franceses, etc.

Estábamos en una dinámica cuando se escucharon unos gritos muy fuertes provenientes de la calle. Nos asomamos al balcón y vimos que se trataba de  una marcha en la que había cientos de personas. Al principio no sabíamos quiénes eran ni cuál era su objetivo. Salimos de dudas cuando gritaron: “¡…el SNTE está presente! Ahí supimos que eran representantes de ese sindicato. También gritaban “No votes por el copete”, “Que se vaya el PRI” (partido que estuvo 70 años dominando a México), y otra serie de frases por el estilo. En cartulinas y pancartas llevaban leyendas contra el PAN y su candidata (derecha). Así que era, no un  desfile de apoyo a su candidato, sino uno para “convencer” a la gente que no vote por los otros contendientes en este remedo de campaña política que estamos viviendo.

Si la marcha hubiera sido de campesinos, obreros o mineros protestando por alguna injuticia, hubiéramos entendido los gritos e insultos, la rijosa actitud de mucho de ellos, el gesto duro y amenazante que la mayoría mostraba.  Parecían todo menos Maestros. No los imaginé en un aula dando clase, orientando niños o jóvenes con vocación de servicio, con paciencia y tolerancia, motivándolos para ser mejores personas y ciudadanos.  Es como cuando en los cuentos de hadas, el lobo se cubre de miel y de harina para aparentar ser un borrego. Los demás no le creen y descubren el engaño.

Imposible soslayar el tema, todo el grupo se puso a comentar sobre las elecciones, y el punto de convergencia fue que a nadie de los ahí presentes nos satisface ninguno de los candidatos y se siente un clima de impotencia, de fatalidad asumida (¿qué puedo hacer yo?), de desesperanza, de inquietud, de nerviosismo, de temor por el futuro.

Adondequiera que vaya uno surge el tema de las elecciones, las personas sienten la necesidad de manifestar su decepción, de dar su opinión aunque sólo sea en su pequeño núcleo social o familiar. Se ha deteriorado el interés por aprender nuevas cosas, por buscar nuevos horizontes, parecería que la idea es esperar hasta después de saber qué partido ganó (como si no lo supiéramos ya), para ver si “las cosas se componen”.

En tu entorno ¿está pasando lo mismo?

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