Regresar al pasado 2

Otra vez se presentó la oportunidad de un viaje al pasado. ¿Recuerdan el post que escribí al que titulé: “Este huevo sabe a rayos”?  Pues ya encontré una solución a ese problema y quiero compartirla con ustedes.

Fui al supermercado y encontré algo que me llamó la atención. Se trata de una marca muy conocida que vende huevos (y productos de gallina  que me hacen recordar la película “Pollitos en fuga”).

La diferencia comienza con el empaque que anuncia que es amable con el medio ambiente (¿será biodegradable o casi? ¿Por qué lo de amable nada más?).  En letras muy grandes está un letrero que dice Gallina Libre, Cage Free, seguido de un texto que menciona: “Nuestras gallinas: a) Crecen en completa libertad fuera de jaulas; b) Alimentadas con los mejores granos naturales. C) Tienen nidos donde depositan sus huevos”.

Por supuesto que los compré y al ver la foto de la gallina en libertad y el nido con los huevos, me acordé que así era “endenantes”, cuando yo era niña (todavía sigue siendo así en los pueblos y rancherías de México); las gallinas estaban en el gallinero, se les daba maíz quebrado para comer y otros granos, tenían un lugar para poner sus huevos que, además provenían de la cruza con gallos, no de inseminación artificial, cosa que no se precisa en el empaque, por lo que ya se sabe, el que calla, otorga.

Así que otra vez, como con los productos de belleza que mencioné ayer, estamos regresando al pasado, cuando no había tanta tecnología, tanta contaminación, tanta despersonalización en el cultivo, cuidado, manufactura, manejo de alimentos y productos al servicio del hombre, y su comercialización no era masiva ni implicaba grandes períodos de almacenamiento, refrigeración,  cuando no había alimentos artificiales enriquecidos con esto, lo otro y lo de más allá.

Las frutas, verduras, hortalizas, lácteos se recibían del productor al cliente, sin tanto intermediario. El jocoque se preparaba en casa, así como el yogurt y el queso; las mermeladas, compotas y dulces en conserva se hacían en el hogar y se empacaban al vacío; la carne era del día y la vendían envuelta en papel de estraza.

Al escribir esto me vino a la mente una biografía novelada de Felix Mendelssohn (Alemania,1809-1847), escrita por Pierre La Mure (Francia, 1909-1976), titulada Pasión Inmortal, que leí hace muchos años y que conservo como un libro muy querido.  Se los recomiendo porque vale la pena. Este autor escribió también la vida de Henry de Toulouse Lautrec y la tituló Molino Rojo, de donde se generó la película que seguro ya vieron. Sus libros están traducidos al Inglés y al Español.

Según dice el libro, Mendelssohn descubrió la Pasión según San Mateo escrita por Johann Sebastian Bach (Alemania 1685-1750) casi 100 años antes, en un papel pautado que encontró en la cocina de su casa, con el cual habían envuelto la carne que habían comprado ese día. Fue a la carnicería y rescató cientos de hojas que el dueño había comprado por kilo. Se enamoró de la obra y luchó con denuedo hasta que la tocó en Marzo de 1829, siendo ésta la primera vez que se interpretaba desde la muerte de Bach hacía setenta y nueve años. Una gran ironía: ¡Un judío rescató y popularizó la música cristiana de Bach!

Regresamos al pasado en que se cultivaban, distribuían y comercializaban los productos alimenticios en otra forma y su elaboración o conservación era casera.

Me dirán que ahora la mujer trabaja fuera de casa y no puede hacer todo esto. Estoy de acuerdo. ¿Han pensado en algo que ya se hace en algunos lugares del mundo?

  • Cooperativas para que lo agricultores vendan sus productos en forma directa al consumidor.
  • Organizaciones de personas que elaboren:
    • las conservas
    • comidas frescas especializadas para diabéticos, cardíacos, obesos.
    • la que comemos todo mundo
    • entreguen a domicilio estos alimentos con un costo mínimo.
    • Compren a los productores y nos lleven a casa las frutas y verduras (carnes, lácteos, etc.) frescas.

 Considero que la palabra clave se llama cooperación. Yo lo hice con una vecina cuando en nuestras casas guisábamos para 15 personas cada una. Nos íbamos a la Central de Abastos y comprábamos toda la fruta, verdura y legumbres por caja y dividíamos lo que era necesario. Todavía recuerdan mis hijos una penca vertical de plátanos que colgaba en la cocina y de la que podían arrancar uno cuando quisieran. No hacíamos la compra todos los días, sino cada semana y consumíamos todo fresco.

Ojalá que esta tendencia continúe y así como lo retro y vintage están de moda, se vuelva una costumbre comer sano, vivir sano y cooperar entre todos para mejorar nuestro entorno. ¿Qué piensan sobre esto?  

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