Abuelos jóvenes

El año pasado presenté una ponencia en la Expo-Adulto Mayor y me di cuenta que la edad de los abuelos se reduce cada día más. Yo fui abuela a los cuarenta años, uno de mis colaboradores, a los 35 años.

Así que nos encontramos con el hecho de ser abuelos cuando estamos en la etapa de mayor productividad, inmersos en un trabajo que nos absorbe gran parte de nuestro tiempo, y enfrentamos un nuevo rol para el que no estamos preparados y sobre el que no hay antecedentes ni patrón específico a seguir. Yo decidí ser “la abuela”, no la “abuelita” como les dicen en México (no quieras saber cómo les dicen en Yucatán), ya que para mí ese diminutivo significa ser igual a Sara García (una adorable artista mexicana, muy anciana,  imagen del chocolate Abuelita). Todavía hay quien corrige a mis nietos porque sienten que es una falta de respeto o de cariño que me digan abuela. ¡Hágame el grandísimo favor! diría mi Nana Soledad.

Encontré que los nietos son una oportunidad de aprendizaje única. Mi relación con ellos ha sido muy distinta a la que tuve con mis hijos porque incorporé la tecnología en nuestra comunicación (e-mail y Skype). Si no lo hago, la brecha generacional se convierte en un abismo insalvable. Google ha sido para mí una herramienta fabulosa porque cuando estaba yo escribiendo por las tardes, me telefoneaban mis nietos para preguntarme cosas sobre la tarea, en lo que me explicaban que querían, el buscador trabajaba para mí y así les podía decir cuál de las tres carabelas de Colón entró primero en puerto o alguna otra cosa absurda por el estilo.

Digo absurda porque hacer que los niños memoricen una sarta de cosas sin importancia práctica y que no van a utilizar en su vida adulta, es obsoleto y anti-didáctico. Estamos en el siglo XXI, enséñenles a leer y escribir, a razonar, lógica, el procedimiento deductivo, cómo buscar la información, a codificarla y decodificarla, el aprendizaje significativo en pocas palabras.

Pues bien, la celeridad con que los apoyaba, hizo que se convencieran que la abuela todo lo sabía y era la que más lista de todos, inclusive uno de ellos lo dijo así en una reunión familiar y mi yerno irguió la espalda, a lo que el chico respondió diciéndole: papá, tú sabes mucho, pero la abuela sabe más porque tiene más años de estudiar (va a ser diplomático, no me dijo vieja).  Esto fue temporal. No iba yo a seguir el régimen absurdo de la escuela, les enseñé a manejar la computadora y a buscar lo que necesitaran ellos mismos. “No les des un pescado, enséñales a pescar”.

Claro que uno de ellos me buscó para que revisara el cuento con el que entró en un concurso escolar cuando iba en 2º año de primaria  y sacó primer lugar, lo que repitió los siguientes cuatro años, (yo sólo le enseñé a redactar, evitar repetir palabras o la cacofonía, etc. (éste es el Steven Spilberg del futuro) A otro le mostré cómo utilizar los mapas mentales para preparar un examen final, en fin, siempre habrá algo en que podamos echarles la mano sin impedir su crecimiento intelectual ni afectar su autoestima.

¿Cuál es tu relación con tus hijos y con tus nietos? ¿Eres un abuelo joven? Te invito a crear puentes de comunicación con ellos para transmitir la estafeta con la tranquilidad de poder decir: “Misión cumplida”. No hablo de la crianza, me refiero al modelaje de superación, de adaptación a los cambios, de transitar por el camino de la trascendencia. ¿Qué opinas sobre este tema?

 

 

 

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