Sigue temblando en México

Autoridades y expertos no se ponen de acuerdo en el número de réplicas del temblor del pasado 20 de marzo que fue de 7.8° Richter y hablan desde 14, 37, 90, hasta 134. En lo que  coinciden es que han sido muchas y algunas han causado pánico entre la población (5.6°), así como en que el epicentro de las mismas se ha desplazado del lugar donde inició el primer sismo.

Esta vulnerabilidad ante las fuerzas de la naturaleza me hizo recordar los años en que vivimos en la ciudad de Oaxaca y de lo que decía mi Nana Soledad de los temblores. Nos había enseñado que, ante cualquier temblor, saliéramos al patio central de la casa, lejos de las columnas que lo rodeaban, en donde estaban las puertas de todas las habitaciones. Y créanme, temblaba muy seguido aunque no muy fuerte, nada más que “a todo se acostumbra el hombre, menos a no comer” y con el tiempo, terminamos por no darles importancia.

La Nana decía que lo que pasaba era que la tierra estaba enojada porque los hombres se estaban portando mal, que ya no se respetaba a los mayores como antes, se bendecían los alimentos, procuraba uno que a los demás no les faltara nada, cuidaba y respetaba la tierra. Nos contó que cuando ella era niña, tembló muy fuerte y en su pueblo se derrumbaron varias chozas y que en la capital se cayeron casi todas las casas. Nos llevó a visitar una colonia en las orillas de la ciudad, donde había una casa derruida que los vecinos habían dejado así a propósito. Cada año, el 13 y 14 de enero, iban ahí para prender veladoras y rezar por los muertos del temblor más grande que habían sufrido, para recordar que “la tierra se cobra si uno se comporta mal con ellao con los que viven con nosotros.

Ahora sé que, en enero de 1931, la ciudad de Oaxaca sufrió un sismo que destruyó y daño el 95% de las construcciones de la población. A esta desgracia siguió una falta de abastecimiento de alimentos por lo que muchos habitantes migraron a la ciudad de México en busca de trabajo y sustento.

El estado de Oaxaca es una zona sísmica y es ahí donde se espera que la falla telúrica libere energía causando un terremoto de gran magnitud que afectará al Distrito Federal. ¿Será que nos estamos portando mal con la tierra y ella está enojada? Lo que es un hecho es que esto de vivir con la espada de Damocles sobre la cabeza, o la sensación de que te “van a quitar el piso”, es muy desagradable. ¿Qué nos recomiendan?

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