Amor, Aceptación y Confianza

Estos tres elementos son básicos e indispensables para que una persona crezca sana.  Si alguno de los tres no forma parte de la vida del niño en sus primeros años, podemos estar seguros que acarreará consigo esa carencia, que va a enturbiar la percepción de los acontecimientos que se le presenten, hasta que elabore y procese las emociones y sentimientos involucrados en su crianza.

Muchas veces los padres no se dan cuenta que están rechazando a su hijo, tal vez desde que supieron que estaba en camino porque no era el momento social, económico, emocional, adecuado para traerlo al mundo. Hay embarazos complicados que requieren tratamientos y cuidados especiales y la madre (el padre) resienten esa demanda de atención.

El bebé es del sexo opuesto a lo que los padres quieren para satisfacer sus necesidades psicológicas y, como hoy en día éste pude saberse durante el embarazo, son meses de rechazo inconsciente que continúan después de que nace.  El niño o niña es “feito”, moreno cuando los papas son rubios, puede tener alguna deformidad física que no se detectó antes, etc., y esto ocasiona también un rechazo. Total, hay una falta de ACEPTACIÓN que el bebé percibe desde su vida intrauterina y eso va a afectar su desarrollo. Hay un libro del Dr. René Spitz, “El primer año de vida del bebé”, editorial FCE, (consulta internet sobre posibilidades de bajarlo), donde correlaciona las enfermedades y trastornos de salud del bebé con la relación emocional de la madre con él.

Cuando no hemos sido aceptados, y no lo resolvemos en el proceso de crecimiento y maduración, nos vamos a pasar la vida sin aceptar a los demás, aunque no nos demos cuenta que lo estamos haciendo. Por ejemplo, la madre que le exige más y más al hijo: que estudie, que sea un deportista de élite, que sea sociable, simpático, ameno, que sea pulcro, se vista en forma discreta, etc., sea cual sea la etapa de la vida en la que se encuentre el hijo, ya sea en la infancia, adolescencia o adultez, lo hace porque no lo acepta como es y respeta las fases de su desarrollo emocional e intelectual. Su hijo tiene que ser lo que ella espera, no lo que es.

Tenemos a la esposa que se queja todos los días del marido, de todo y por todo, por lo que hace o deja de hacer y lo compara con otros hombres que tienen lo que ella quiere para ella, no para su marido. No lo acepta y viven en una codependencia enfermiza que puede amargarle la vida a cualquiera.  

Hemos visto algunos ejemplos de falta de ACEPTACIÓN. Empecemos por aceptarnos a nosotros mismos, con nuestras habilidades y carencias, con nuestro pasado, nuestros errores y aciertos, porque en la medida en que lo hagamos, vamos a ACEPTAR a los que nos rodean.

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